El despropósito constante del Gobierno en materia energética parece no tener fin. La gota que colma el vaso es la subida de los precios de la electricidad en España durante la ola de frío que vivimos estos díasLeer +


Es el resultado de una política energética ciega ante las necesidades de la ciudadanía y que sólo obedece a los intereses económicos de las grandes eléctricas, como Iberdrola o Endesa, verdaderos ganadores de la jugada. Y no va a hacer más que agravarse, porque todo parece indicar que el Gobierno no va a aceptar ninguna medida que abarate la factura de la luz.
Es lo que tiene una política energética que prefiere las energías sucias y contaminantes y que desprecia las ventajas ambientales y económicas de las dos mayores oportunidades energéticas de España: las renovables y la racionalización de la cantidad de energía que usamos. Y la consecuencia la sufrimos directamente en nuestros bolsillos.
Greenpeace ha analizado el impacto sobre la recuperación económica y en concreto sobre la factura energética de los hogares de una alta aportación de energías renovables (95% de la producción) para 2030. El informe La recuperación económica con renovables ha demostrado cómo las renovables son la fórmula de un futuro sostenible, tanto para el medio ambiente como para la economía y los ciudadanos. Vamos, que si el Gobierno quiere crear empleo y facilitar la vida de los ciudadanos, debe renunciar a su apuesta por mantener energías sucias, caras y peligrosas como la nuclear, el carbón y el gas, así como a las prospecciones de petróleo y el fracking y devolver el liderazgo al desarrollo de las energías limpias y el ahorro de energía.
La población más vulnerable estaría entre los más beneficiados por un modelo eléctrico basado en renovables, pues supondría un ahorro medio de un 34% en la factura energética de los hogares frente al año 2012. Solo en la factura de la luz el consumidor pagaría un 25% menos.
Pero, a pesar de tener las soluciones a nuestro alcance, el ministro Nadal nos dice que nos apretemos el cinturón… vamos, ¡que tenemos razones de sobra para estar cabreados con la subida de la luz!