martes, 31 de enero de 2017

EL SOL INAPREHENSIBLE, EL DIPUTADO PROMETEDOR Y LA BURBUJA VENGADORA

El sol inaprehensible, el diputado prometedor y la burbuja vengadora



Para una vez que el Gobierno murciano se lanzaba hacia el futuro con visión realista con un Plan energético que decía contemplar preferentemente las energías renovables, únicas que nos pueden salvar de la catástrofe climática, viene el Gobierno de Madrid, recurre el texto ante el constitucional y gana el pleito dejando, ya es mala suerte, a los de San Esteban sin un mal tanto que apuntarse. Creían los del PP murciano que los del PP de Madrid eran tontos, y que se iban a dejar marcar un gol con la maniobra –digamos que no muy elaborada, vaya– de jugar a la ambigüedad con la autonomía productora de electricidad solar individual, los 10 kW de límite y tal– y han vuelto a evidenciar la incompetencia y el bochorno, tras imprudentes anuncios triunfalistas sobre los récords que la región alcanzaría (en esta ocasión) con el nuevo Plan energético que daban por logrado. Leer +

 El consejero Hernández Albarracín, que esperaba anotarse el éxito, desafiaba el ridículo anunciando que la región sería “la más rentable en energía fotovoltaica” (se supone que por sus subvenciones) y expresando su propósito de “ser la Arabia Saudí de la energía fotovoltaica” (una pueblerinez de difícil superación).
El fondo del asunto es –más allá de una interpretación constitucional ceñida a la mera letra y de muy pobre visión energético-climático-ambiental– esencialmente político y procede del empeño centralizador del Gobierno central, expresado de forma eficaz por el defenestrado ministro Soria, que dedicó lo mejor de su tiempo a servir a los grandes oligopolios y, en consecuencia, a despojar de toda posibilidad de intervención a ayuntamientos y autonomías en sus principales y más estratégicas competencias: energía en general y electricidad en particular (más las telecomunicaciones), empeorando notablemente la legislación anterior.
Se las prometía muy felices, ya digo, un ejecutivo necesitado de algún brillo aunque sólo sea por lo poco luminosa situación de su jefe, Pedro Antonio Sánchez, y cogen los compas de Madrid y lo fulmina hundiéndolo en la oscuridad política de la que tan difícil le resulta salir (como no sea para escandalizar). Y no sólo eso, sino que, a más inri, el portavoz del PP en la Comisión de Industria en el Congreso, el ciezano Teodoro García, se enfervoriza defendiendo la actitud de Madrid al recurrir todo intento de eludir el famoso y bien llamado “impuesto al sol”. 

Mi canto al sol quiero hacerlo reivindicativo, vigoroso y airado

Y como sigo con interés los pasos del diputado García por su fe conservadora (que le hace incurrir en peligros ciertos), su pulsión exhibicionista (que creerá necesaria para prosperar) y los temas que toca con singular empeño, como es el del agua y ahora el de la energía, me veo regalado con la ocasión de analizar su papel en este episodio, que juzgo interesante. Porque en su intervención defendiendo la actitud restrictiva del Gobierno, nuestro representante se mostró preocupado por la posibilidad de que la generalización de energía de origen solar independiente dé lugar a una “burbuja de renovables” que acaben pagando “abuelos y pensionistas”.
Dejo de lado su loable preocupación por las franjas débiles del maltratado universo de españoles víctimas del Gobierno de su partido, y me quedo para comentar con lo de la burbuja, y de ésta, sólo sus aspectos científico-técnicos, ya que el diputado popular es uno de los escasos ingenieros del Congreso, lo que, me llena de alegría. Por eso, cuando pillo en falta a un ingeniero metido en política, que antepone las banalidades de partido sobre sus personales, íntimos y objetivos conocimientos, me siendo francamente molesto: ¿para qué está su formación, su saber específico, instalados en el templo de las leyes, y concretamente las concretas y sectoriales? Pero si en lugar de ofrecer conocimientos objetivos, enfoques realistas a problemas metafísicos o cierta contundencia en debates miríficos, va y se levanta para decir “¡Amén, jefe!”, sobreviene la frustración, mientras el diputado cree cubrirse de gloria.
De entrada, con el miedo a la “burbuja solar”, que se nos presenta tan temible, lo que hacemos es envilecer al verdadero dios de nuestro planeta, insultándolo con terribles resonancias de crisis y recesión, cuando él está (¡porque puede!) para resolver asuntos innúmeros y sustanciales. Mi canto al sol quiero hacerlo reivindicativo, vigoroso y airado, sobre todo por esa inmensa cualidad de regalarnos una electricidad inagotable (mientras exista el propio astro, lo que va para largo) radiando e influyendo sobre los materiales que llamamos semiconductores, esencialmente el silicio, tan abundante como las arenas de mar y tierra, y funcional a partir de procesos industriales que vienen mejorando desde hace décadas. Y esto resulta tan fácil y aprovechable que hay que ser perversos para inventarle obstáculos.
E insisto sobre esto porque Teodoro García pasa por profesor en la UCAM de nada menos que de Electricidad, y debe de conocer muy bien todo esto; máxime si, como ingeniero de Telecomunicación, pertenece al grupo técnico de profundos conocedores de esos semiconductores y, necesariamente, del fenómeno fotovoltaico, por lo que se le debe exigir que en su actividad política apoye de forma entusiasta la producción solar de este tipo, o que al menos no se meta a trabajar en sentido contrario, evitando así la “indignidad solar” sobre la que le lanzo mis advertencias.
La electricidad del sol es un fenómeno físico singular, oportuno y –si me lo permiten ateos de postín como Einstein (que recibió el Nobel de Física por el efecto fotovoltaico, no por la relatividad) y Hawking–, providencial; y quizás por eso tantos frívolos que ocupan en política los más altos niveles se muestran incapaces de asumir su trascendencia, y buscan atascarse en pretextos que nunca se sabe muy bien qué significan, ¡queriendo desacreditar al Sol!: que si la inestabilidad del sistema eléctrico, que si la temporalidad de la producción, que si el rendimiento de conversión o, como ahora nos señala el ingeniero García, que si la burbuja. ¡Vaya por Dios!
*Pedro Costa Morata es ingeniero de Telecomunicación
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