viernes, 27 de enero de 2017

LOBOS CON PIEL DE CORDERO

Lobos con piel de cordero




No es ninguna novedad decir que, en los últimos años, estamos asistiendo a un auge de las corrientes de extrema derecha en Europa, y a la vista de lo ocurrido en las pasadas elecciones presidenciales de Estados Unidos, podemos hacer extensivo este problema a todo Occidente.
Hasta ahora, a los neonazis de nuestro entorno los identificábamos caracterizándolos como grupos sin ningún tipo de pudor para agredir, e incluso, asesinar a quienes se opusieran a su forma de pensar y personas de determinados colectivos en situación de marginalidad: inmigrantes en situación irregular, minorías étnicas, vagabundos, prostitutas, etc... Leer +

En los tiempos que corren, la extrema derecha ha decidido buscar un envoltorio para disimular su verdadera esencia. Ahora, en muchos casos, trata de disfrazar la imagen de lo que realmente son: gente que tiene una concepción del mundo basada en la imposición de las ideas de unos sobre otros a través de la fuerza y la represión. El disfraz que han escogido es el de crear instrumentos de pseudocomunidad a través de los cuales, supuestamente, atienden y ayudan a ciudadanos golpeados por la crisis económica en que seguimos inmersos. La trampa está en que esa supuesta ayuda solo puede ir dirigida “su” gente, es decir, nacionales y no pertenecientes a ninguna minoría étnica.
Ejemplos de lo anterior son Amanecer Dorado en Grecia, y en lo que respecta a nuestro país, Hogar Social en Madrid. Ambos colectivos se esfuerzan por aparentar ser sujetos colectivos protectores y solidarios con lo que ellos llaman “sus compatriotas”, además de con una serie de “valores de la patria”.
Sin embargo, si analizáramos rigurosamente estas iniciativas desde el campo de la psicología social podríamos observar que, en realidad, solo tratan de construir un “caballo de troya” para ocultar lo que siempre han defendido y ahora siguen persiguiendo.

Recientemente, han aparecido en Murcia algunos de estos grupos neonazis

Sin duda alguna, nos encontramos ante la estrategia de crear un endogrupo, es decir, un colectivo social relativamente extenso en el que mucha gente pueda sentirse integrada, en este caso, sería el de los ciudadanos nacionales de nacimiento y no pertenecientes a ninguna minoría social. Posteriormente, conforme se fuera promoviendo la cohesión de ese endogrupo y estimulando su autoestima, sería relativamente fácil para ellos inculcar prejuicios y conductas discriminatorias hacia otros colectivos que pudieran ser etiquetados como exogrupo, es decir, algo ajeno a lo que son y representan ellos. Obviamente, en este caso, el exogrupo estaría compuesto por inmigrantes y minorías étnicas en situación de vulnerabilidad social.
Recientemente, han aparecido en Murcia algunos de estos grupos neonazis poniendo en marcha iniciativas como las mencionadas. Concretamente, han venido recogiendo alimentos donados por gente de a pie en la puerta de varios supermercados para después hacer una entrega colectiva a personas con problemas económicos, pero siempre que cumplieran el requisito ineludible de ser “españoles de nacimiento”.
Lo triste y lamentable de todo ello, es que las personas desempleadas o en riesgo de exclusión social que se acerquen a estos grupos de extrema derecha van a estar expuestas a una propaganda sectaria que solo beneficia a un sector muy concreto de nuestro sistema sociopolítico: a quienes desde las instituciones y desde los poderes económicos, por acción u omisión, verdaderamente están deteriorando las condiciones de vida de trabajadores y dueños de pequeños negocios.
A nadie debería escapársele que, el problema al que se enfrenta la mayoría social de nuestro país, radica en reformas laborales manifiestamente lesivas y perjudiciales, en la cultura empresarial de precarizar y acosar al trabajador que, sin ir más lejos, se lleva a cabo en algunos de los establecimientos donde se colocan estos neonazis para pedir donativos, en la especulación y las corruptelas y desmanes urbanísticos que han hecho tanto daño a economías como la murciana, en la evasión de impuestos de las grandes fortunas, en los rescates de grandes empresas que no necesitan un dinero público que no se destina a pagar las pensiones o el gasto social, etc.
El problema no es el color de piel de nuestros vecinos o su lugar de nacimiento, sino la progresiva podredumbre en la que ha entrado un sistema social, económico y político que, a día de hoy, ya no puede ocultar sus miserias a la gente corriente.
Ante esta situación, en lugar de construir una mayoría social integradora que exija justicia social, la extrema derecha demoniza a sectores desfavorecidos y débiles. Los verdaderos responsables de la crisis social que nos azota en los últimos años están encantados de que aparezcan estos grupos para crear cortinas de humo que desvíe el punto de mira hacia otro lugar que no sea el de los que acumulan riqueza en pocas manos a costa de la desposesión de la mayoría.
Frente a todo ello, debemos negarnos a mirar para otro lado y hacer pedagogía en nuestro entorno. La oligarquía corrupta y la extrema derecha son las dos caras de la misma moneda, ambas merecen el mismo rechazo.
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