miércoles, 1 de febrero de 2017

ALARMA INFLACIONISTA


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Alarma inflacionista


Han saltado las alarmas inflacionistas por primera vez desde hace cuatro años. La subida del IPC en enero en un 3% es un mal dato económico, cuya gravedad podría quedar mitigada por su carácter esporádico y posiblemente temporal. La posibilidad de que se trate de un exabrupto es alta indudablemente, ya que los precios de la electricidad han tensado las preocupaciones de los hogares, aunque el retorno a la normalidad se prevé para este mes de febrero y posiblemente el de marzo.
Pero de momento le ha metido el susto en el cuerpo a una buena parte de los ciudadanos y de los hogares. El estirón alcista tiene tres motivaciones, aparte las estrictamente técnicas del cambio de base (el INE ha dejado de utilizar la del año 2011 y ha entrado en vigor la del año 2016), una la ya archisabida subida de los precios mayoristas de la electricidad con su repercusión sobre un amplio sector de los abonados, otra el nivel actual de los precios del petróleo y una tercera motivación que radica en el impacto negativo de las heladas sobre una parte de los alimentos frescos, afectados por el mal tiempo y la drástica disminución de la oferta de algunos productos.
El desglose preciso de estos tres elementos se verá cuando, a mediados de este mes de febrero, se conozca la composición pormenorizada del Índice de Precios de Consumo (IPC) de enero. No debería ser motivo de alarma el brote inflacionista de este mes y posiblemente uno o dos meses más, ya que los motivos que lo ocasionan no tienen en principio vocación de permanencia.
El impacto de los precios más elevados en la capacidad adquisitiva de los salarios debería ser, en todo caso, breve, con un movimiento de ida y vuelta, que para la primavera podría retornar a niveles más razonables. La capacidad adquisitiva de los salarios ha vivido una etapa bastante favorable y la erosión de la renta disponible de las familias ha sido escasa en los dos o tres últimos años. De hecho, la inflación media del año pasado, 2016, fue negativa, en torno al 0,2% de retroceso, lo que ha proporcionado un buen margen de subida al poder adquisitivo de los salarios, que subieron en algo más del 1%.
Sin embargo, es preocupante el hecho de que el rebrote inflacionista ha sido muy superior en España que en el resto de la UE, ya que en la Eurozona la inflación subió hasta niveles del 1,8%. Este diferencial, en torno a 1,2 puntos de mayor inflación en España, aunque sea en tan sólo un mes, es excesivo y refleja la mayor vulnerabilidad de la economía española ante fenómenos externos como los que ha vivido la economía europea en el mes de enero, con fuertes distorsiones climáticas y una evolución al alza en los precios de las materias primas (en concreto del petróleo), que en principio afectan a todos por igual.
La subida de la tasa de inflación puede tener efectos negativos en la aceleración salarial, ya que los convenios que se vayan a negociar en los próximos meses y las mismas negociaciones entre los agentes sociales para fijar el marco salarial del año 2017 se verán seriamente afectados. Es lógico que haya una reacción alcista en las demandas de subida salarial, pero que ello se produzca en unos momentos de rebote alcista posiblemente pasajeros puede causar un daño importante a la capacidad competitiva del país. Se impone, por lo tanto, la serenidad y un análisis sereno de este impacto y sus posibles consecuencias en el conjunto de la economía, que pueden acelerarse o no según cuál sea la respuesta de los agentes económicos.
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