martes, 25 de abril de 2017

LOS INDULTOS Y LA IMPUNIDAD POLICIAL EN NUESTRO PAÍS

Los indultos y la impunidad policial en nuestro país

En estos últimos años hemos visto un importante aumento de la represión policial, sobre todo debido al incremento de la movilización en las calles y la protesta. También ha habido un importante aumento de los casos de tortura policial. Entre los años 2004 y 2015, se calculan 6600 casos de tortura o maltratos policiales, según la Coordinadora de Prevención para la Tortura.
violen1.jpgimagen: https://gazzettadelapocalipsis.com/2013/12/30/el-ano-de-las-agendas-ocultas/
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Hace dos días, nos enterábamos con indignación, a través del diario Público, que durante los gobierno de Felipe González, Aznar y Zapatero se indultaron a un total de 39 policías y guardias civiles encarcelados por torturas. La mayoría de los condenados lo fueron por torturas contra miembros de ETA, de la izquierda abertzale, por participar en el terrorismo de Estado, contra los inmigrantes y contra activistas de la izquierda.
Tras los susodichos indultos muchas pasaron a ser asesores de los respetivos gobiernos en la lucha antiterrorista. Incluso uno de los indultados, José María De las Cuevas Carretero, fue elegido por Mariano Rajoy (en su etapa como Ministro del Interior) para recibir al Comité Europeo de Prevención de la Tortura ¿ironía verdad?.
Pero esto de la tortura y la impunidad policial no viene de ahora, sino que viene de largo. Concretamente de la dictadura franquista.
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Durante el franquismo, la tortura policial, practicada principalmente por la Brigada Político Social, la policía política del régimen, era algo que estaba normalizado. Los detenidos podían pasar hasta 72 horas en la comisaría o en la Dirección General de Seguridad (que en Madrid está en lo que es hoy la Sede de Gobierno de la Comunidad de Madrid, en la Puerta del Sol). Sin embargo, esas 72 horas se alargaban gracias a los estados de excepción que la dictadura promulgaba. En los últimos siete años del franquismo, entre 1968 y 1975, se promulgara hasta ocho estados de excepción que duraron meses. En esos momentos podían estar sufriendo torturas policiales durante muchas semanas, incluso meses, sin salir en libertad.
Las torturas pasaban desde las patadas y los manotazos e insultos hasta meter la cabeza en un cubo de agua con meada o aplicar electrodos en el cuerpo. Así cuenta Eva Forest, una de las detenidas por el atentado de la Calle Correo, su paso por las manos de la BPS:
“En esos interrogatorios, Saiz se limitaba a preguntar cosas muy concretas sobre fotografías, pero Roberto dirigía lo que allí pasaba, que era observado por los demás como una obra de teatro. Tan pronto pasaba de un paternalismo lloriqueante a una furia incontenible que descargaba sobre mí en forma de golpes y patadas. En varias ocasiones sacó la pistola y me apuntaba, con el seguro fuera, diciendo que me iba a matar.”
Roberto se refiere a Roberto Conesa, quien fuera jefe de la BPS en 1972.
Este policía, como tantos otros, paso de la dictadura a la democracia, no sólo no siendo depurado y juzgado por sus crímenes, sino alabado por la prensa y elevado en el escalafón policial, ayudando al Gobierno de UCD en la lucha antiterrorista. Así describe Pilar Urbano en 1977 al policía franquista:
“Policía menudo, bajito, de ojos vivaces e inquietos, de tez cetrina y rostro curtido por quién sabe qué vientos y qué intemperies. Una vocación que puede con él mismo y que le ha hecho ser “policía-policía” durante las veinticuatro horas de cada uno de los 365 días de cada uno de los treinta y ocho años de historial. Él sabrá cuantos delincuentes atrapados y cuanto crimen descubierto en su hoja de servicios. Él sabrá cuanto insomnio y cuanta caminata y cuanto interrogatorio en la comisaría. Pero habla con profunda delicadeza de las mujeres, con compresión y lástima de los malhechores, con respetuosa admiración de sus compañeros, en más de una ocasión, al referirse al ‘comando especializado’ que trabaja con él, les llama ‘mis niños’ “
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Y así justificó Martín Villa, ministro de Gobernación en aquellos años y uno de los “padres de la democracia” el utilizar a Conesa en la lucha antiterrorista:
A grandes males, grandes remedios. Tras operar durante algún tiempo con la organización normal, decidimos recurrir a los especialistas y entonces es cuando liberamos a Conesa de sus obligaciones en Valencia.”
Y lo mismo pasó con el PSOE, que ascendió a varios policías que venían de la BPS para luchar contra ETA, comenzando así con lo que sería después los GAL y el terrorismo de Estado.
Ninguno de los policías pagó por sus crímenes en el franquismo, ya que fueron “perdonados” gracias a la Ley de Amnistía de 1977, que amnistiaba los delitos de sangre cometidos por funcionarios públicos durante la dictadura, en artículo segundo. Y no sólo no fueron juzgados, sino que muchos de ellos recibieron medallas al mérito policial, como el caso de Conesa o de Antonio González Pacheco “Billy el Niño”.
Y en democracia, algunos torturadores han pasado por los tribunales, gracias sobre todo a la presión social y al grito en el cielo de la opinión pública. Pero pocos han acabado entre rejas. Y los que han acabado, unos cuantos han sido indultados.
No podemos permitir que la tortura policial quede impune. Una práctica que se generalizó en el franquismo, que en la Transición se siguió manteniendo (de hecho murieron 7 personas por torturas en esos años en comisarías y cárceles, aunque el dato puede ser aún mayor debido a la falta de documentación de las prisiones) no se depuro a los elementos reaccionarios dentro del aparato policial. Y aún hoy es un problema muy grave que seguimos arrastrando. Y no lo podemos permitir. Hay que juzgar tanto los crímenes del franquismo como la tortura policial hoy día.
Autor: Pablo Alcántara Pérez
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