miércoles, 10 de mayo de 2017

EL INSOPORTABLE CASO DEL FISCAL MOIX


La bolsa o la vida

El blog de Fernando González Urbaneja, periodista y analista económico y político

El insoportable caso del fiscal Moix


Moix
De jueces y fiscales, como de los árbitros, lo mejor es que no se hable, que pasen desapercibidos, mejor temidos que queridos, y siempre respetados. Cuando jueces y fiscales aterrizan en el espacio público del debate entramos en una situación anómala, indicativa de un olor preocupante. La correcta administración de Justicia es garantía para las libertades y la convivencia, cuando fiscales y jueces se deslizan al oportunismo, a posiciones de parte, al partidismo politizado… los ciudadanos se sienten traicionados y desprotegidos. No solo hay que prevenir y evitar esos deslizamientos, sino que además hay que aparentarlo. Como reza el Evangelio… si tu mano escandaliza, córtala y arrójala lejos. Leer +


Vale para el caso del fiscal Moix elevado por el Fiscal General (inspirado por el ministro de Justicia y dirigentes del PP) a la condición de jefe de la Fiscalía Anticorrupción. Un “hombre bueno y serio” dice el imputado Ignacio González a su compañero de partido y negocios Eduardo Zaplana. Esa simple declaración pone en riesgo el principio de “parecerlo”. Con ese comentario de Ignacio González el fiscal Moix queda retratado, crucificado, cuestionado.
El comentario no es condición ni suficiente ni necesaria para poner en duda la idoneidad del fiscal Moix, pero si es un aviso que, unido a otros datos, se convierte en un problema. Los otros datos son cada día más evidentes, el fiscal Moix ha barrido para el PP, ha obstaculizado investigaciones en favor de sus patrocinadores, y no ha sido claro en las explicaciones.
Para el Fiscal General el problema es serio, no pertenece a la carrera. Llegó con fama de persona severa y con criterio, aunque con el riesgo de docilidad al Gobierno en asuntos sensibles, algo de lo que debería haberse cuidado y no lo ha hecho. Asumió indicaciones políticas por las que ninguno de los dos fiscales generales anteriores quiso pasar. Al menos lo parece. Y ahora el fiscal General tiene un problema con el fiscal jefe de anticorrupción y con la opinión pública.
La posición de Moix es insostenible, la apariencia de fiscal dócil, bizcochable, es evidente y la pérdida de autoridad también. Mantenerle evita reconocer un error, con el riesgo de agrandar el error. Más vale una vez rojo que cien colorado, dice el refrán. Pero ni el Gobierno ni el Fiscal General quieren ponerse rojos; van a aguantar hasta que escampe, acogidos a esa ley de la gravedad por la que un escándalo nuevo entierra el anterior.
El problema es que la autoridad del fiscal Moix está quebrada y de paso la reputación de la Fiscalía queda afectada. También pudiera ocurrir que ante el riesgo de aparentar parcialidad los fiscales se esmeren, más que nunca, en el celo investigador y acusador que suele ser una consecuencia no buscada de los intentos de manipulación interesada.
Sin embargo las intenciones de voto, según el CIS, apenas cambian; en Francia el candidato mejor posicionado, el señor Fillon ha visto como la intención de voto se ha derrumbado. En España no ocurre lo mismo, aunque la reputación de los partidos de poder no para de crecer.
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