martes, 16 de mayo de 2017

¿HACIENDO EL RIDÍCULO?


¿Haciendo el ridículo?





Un malentendido convirtió el titular de mi anterior artículo en algo tan ambiguo que alcanzaba lo incomprensible. “Fábula de banquero y neofascista”. De donde cabría concluir que se trataba de la misma persona, lo que estaba lejos de mis intenciones, que se reducían a la “Fábula del banquero (Macron) y la neofascista” (Le Pen). Leer +

Los titulares de Opinión tienen algo de ­voluta estética y para evitar romper el maravilloso diseño y facilitar a los lectores lo que el autor, que soy yo, quiero decir, me limitaré a partir de ahora a tratar de ser más breve que un telegrama, y cuando no lo logre, ­como en este artículo que tienen ustedes en las manos, pondré la frase completa, que no hace más que introducir el texto. Les pido disculpas por estas pejiguerías de cocina periodística.
¿No creen que estamos haciendo el ridículo? Aquí, en Catalunya. La historia de monseñor Pujol y la “madre superiora de la congregación”, sor Ferrusola, constituye un hallazgo que coloca a este país en la cima del esperpento y el despendole. Como atento seguidor de los servicios de información, antiguos y modernos, y de los procedimientos del espionaje sofisticado, estudié con rigor las grandes figuras: Kim Philby, Richard Sorge –el más audaz y menos conocido–, y por supuesto, Leopold Trepper… Pero nunca llegué a imaginar, ni ellos mismos, de seguro, que la esposa de un presidente constitucional, votado arrolladoramente por una masa lacayuna, beata, ansiosa de verle aparecer en el balcón de la Generalitat con tanto fervor como Mussolini cuando se asomaba a la Piazza y las madres ponían en alza a sus hijos para que vieran al asombro de Catalunya. Brillante. Es verdad que no tenía el don de la oratoria y que todos los idiomas, desde el catalán al alemán de su adolescencia, pasando por el castellano, los hablara igual de mal. ¿Pero qué importaba ante aquel ancestral vigor de un hombre de honor que había conseguido que toda Catalunya, o casi, le imaginara levantándose en el Palau de la Música –lugar hoy nefando–y entonara ante el asombro de una burguesía complaciente, que se forraba gracias a su victoria sobre los rojos y su adhesión al mayor negocio que existió en Catalunya, el franquismo. Siento decepcionarles. Ni Pujol entonó la Santa Espina, o lo que fuera, porque no estaba en el Palau. Le detuvieron luego por la denuncia de uno de los suyos.
¡Pero, y la “madre superiora de la congregación”! Con su catalán escrito que no pasaría el nivel C que se exige a la población que aspira a un cargo, carguito o empleo de menor cuantía, escribe a unos banqueros andorranos –nuestro futuro, sería convertirnos en Andorra y dedicarnos al comercio, que se nos da muy bien; turismo y puros habanos–. “Reverendo mosén, soy la madre superiora de la congregación, desearía que traspasases dos misales de mi biblioteca a la biblioteca del capellán de la parroquia, él ya le dirá dónde se han de colocar. Muy agradecida. Marta”. Es verdad que la traducción al castellano pierde mucho de ese aire religioso que enmascara una verdad que no dudo indiscutible. Llamar “misales” a los millones, y denominar capellán de la parroquia a un eventual comisionista financiero es algo que ni los anarquistas de los años dorados hubieran sido capaces de imaginar. Ni siquiera Umberto Eco.
Quizá forma parte de ese informe aceptado por jueces y fiscales, según el cual la familia Pujol-Ferrusola –“això és una dona”, gritaban las masas, emulando a Evita Perón– constituye una “organización criminal”. De donde se deduce, sin demasiados zarandajas jurídicas, que Catalunya ha sido dirigida durante 23 años por una organización criminal. Como Totò Riina en Sicilia.

(Meseguer)
El “billete” de Marta Ferrusola–que así se decía de las notas cortas y privadas, hace siglos– tiene un rasgo curioso que empalma con la tradición católica, apostólica y romana. Cuando leí que el abad de Montserrat afirmaba con desparpajo y autoridad real absolutamente limitada a la parroquia militante que el Vaticano reconocería una Catalunya independiente, volví al carlismo. ¡Qué bonito! El sueño de Torras y Bages. La república vaticano-catalana, y el que no quiera que se vaya. ¡Bendito sea el nombre del Señor: o será católica o no será! Un profeta.
Dudo mucho que la equívoca trayectoria del jurista catalán, con más cargos y más cambios que un militante de Esquerra Republicana, Alfons López Tena, que se ha paseado por instituciones de fuste y partidos de papel maché, acaba de declarar en una revista modesta, local, asturiana, Atlántica XXII, n.º 50, verdades de a puño. ¡Ay, pero tan lejos! Título general: “En Cataluña (con ñ) la situación es de omertá”. No hace falta ser siciliano para entender la expresión. “La corrupción catalana ha sido acumulativa y no sustitutoria como la española. De ahí la omertá y de ahí el oasis. Nadie habla porque todos tienen el techo de cristal”. Y añade: “Ni un solo caso de corrupción en Cataluña ha sido levantado por la prensa catalana. Ni uno. Todos han sido levantados por la prensa española… Cataluña no es un país de leyes, sino un país de personas. Lo importante es conocer a la persona adecuada. Lo mismo se podría decir de Sicilia”.
El periodista, magnífico, que hace la entrevista se atreve a un comentario, porque él es italiano, Steven Forti: “En Italia cuando estalló lo de Tangentópolis, al líder socialista Bettino Craxi la gente le tiró monedas. En Cataluña nadie ha ido a manifestarse bajo la sede de Convergència. Al contrario, millares de personas han acompañado a Mas…”. Y como colofón valga un ejemplo que desarrolla el jurista López Tena: “Jordi Pujol, siendo presidente de la Generalitat, no pagó los impuestos de sucesiones sobre su casa de Vilassar. Y se trataba de un impuesto que se pagaba a la misma Generalitat, no a España. Él no lo pagó, nadie lo inspeccionó y tras diez años prescribió”. Carezco de espacio para mayores citas e historias chuscas de la “organización criminal”. Puede leerlas en el último número de Atlántica XXII, n.º 50, que se edita en Asturias.
Grupos de neonazis independentistas están asaltando las sedes de los partidos adversarios –Cs, PP y socialistas– al grito de “fascistas”. Silencio mediático, quizá una nota. Una singularidad en la que no parecen tener ningún interés las autoridades de la Generalitat, preñadas de miembros de la CUP, que representan algo similar a lo que fueron los inefables hermanos Badía durante la República; aquellos valientes que se escaparon por las alcantarillas.
Este país está haciendo el ridículo ante el silencio de abades y parroquianos. No hay creo ni un solo conocedor de la realidad que no tenga claro que ni habrá referéndum ni separación unilateral y que en un tiempo récord hasta el Barça entenderá que la vaca está ya esquilmada de tanto ordeñarla. Ahora bien, hay tanta gente para quienes el referéndum, la independencia, la separación sin contemplaciones, les da de comer, y bien. Si se cortan las subvenciones hay la posibilidad de que se produzcan dos hechos dignos de la madre superiora; la organización criminal desenmascarada y los idiotas que no saben que sus padres acabarán el calle: cuando al fin empiece el proceso contra Artur Mas, por causas de mayor cuantía, y la izquierda real, si es que ha quedado algo después de tanta desvergüenza, se dedique a otra cosa que a derribar estatuas.
Ninguna ciudad del mundo podría soportar la guillotina de sus emblemas, porque nacimos de la explotación, crecimos en la explotación y ahora decimos que nos era ajena. Dejen las cosas como están y preocúpense de la gente a quien no le quedará otro beneficio que recoger los cascotes. Los reaccionarios de anteayer se han vuelto jacobinos, sin tener ni puta idea que serán pasados por la ruina a la menor ocasión, algo así como la guillotina. Les quitarán la subvención.
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