miércoles, 17 de mayo de 2017

LA AGONÍA DEL PSOE ANTE UN LARGO TÚNEL


La bolsa o la vida

El blog de Fernando González Urbaneja, periodista y analista económico y político

La agonía del PSOE ante un largo túnel


La agonía del PSOE empezó, como señala Borrell en su reciente libro, cuando Zapatero se cayó del caballo de la “crisis que no se podía nombrar” (mayo 2010) y dio el volantazo a su política económica, presionado por todas las cancillerías importantes del mundo, desde Pekín a Washington pasando por Berlín.  Muy probablemente Zapatero hizo lo que debía hacer, pero no fue capaz de explicarlo, ni a los ciudadanos ni a sus propios compañeros. Ni lo anticipó ni supo reaccionar al retraso. La agonía empezó entonces. El táctico e inteligente Rubalcaba no interpretó la realidad, quiso ser secretario general sin percibir que era pasado y que pocos le escuchaban, que espantaba las audiencias. Y finalmente el voluble Sánchez les ha mandado al infierno electoral. La agonía no es solo culpa de Sánchez, pero él nada ha aportado para contener la decadencia. Leer +


Sánchez es un táctico de corto recorrido que pone el contador a cero cada mañana y sale a combatir con lo que toque. No puede aportar  trayectoria ni resultados, pero es arrojado y está dispuesto a lo que haga falta para encabezar ese socialismo decadente. Los militantes decidirán el domingo quien debe dirigir el Partido, pero solo será el principio del comienzo, el final de un capítulo lejos del final, de la larga marcha del socialismo español hacia la irrelevancia o al retorno a la gobernabilidad.
El PSOE sabe mucho de ese viaje; lo hizo cuando tuvo que confrontarse con la dictadura de Primo de Rivera en los años veinte, reiteró a lo largo de la II República, durante la guerra (in)Civil y durante las oscuras décadas del franquismo. Las dos almas del partido, preñadas de personalismos y apasionamiento, se confrontaron sin tregua y mermaron su capacidad para propiciar buen gobierno para España. Felipe González, en una coyuntura singular y con extraordinario talento, devolvió la unidad y la identidad al socialismo y ganó cuatro elecciones consecutivas. De ese bagaje se benefició Zapatero, pero tras su fracaso de mayo de 2010 se agotó el crédito y el PSOE entró en profunda decadencia.
El domingo se cerrará un capítulo de esta decadencia con unas elecciones primarias que no van a resolver nada, gane quien gane, la guerra civil interna seguirá viva y pasará factura. Lo veremos en el inmediato Congreso de junio, que puede desapoderar al secretario general que salga de las primarias. Y habrá una reedición con las siguientes primarias para elegir candidato a las elecciones generales. Y una última en las elecciones que le toque lidiar al nuevo secretario general.
Curar las heridas del PSOE y recuperar una estrategia y una posición   relevante en el mapa político español ni es probable que ocurra, ni es seguro que vaya a producirse a partir del domingo. Si estudiaran un poco más habrían reparado que la catástrofe del socialismo francés (y también del laborismo) tiene como causas el agotamiento de su oferta, pero sobre todo la guerra fraccional y las traiciones internas. Lo que hoy domina en el PSOE son las familias, con geometría variable, bandas internas malmandadas, que trabajan, básicamente, para debilitar al compañero-adversario. Lo de ayer fue un buen ejemplo de las banderías.
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