miércoles, 17 de mayo de 2017

LO QUE ESCONDE LA “CASITA EN LA PLAYA” DE SUSANA DÍAZ

Lo que esconde la “casita en la playa” de Susana Díaz

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“Muchos de los que se indignaron –el 15M- pensaban que iban a poder tener su casita en la playa y que iban a conseguir que sus chavales fueran a la universidad y, además, tuvieran un master”, dijo Susana Díaz en enero, y que hoy ha saltado a la palestra, para darle una explicación a la situación en la que se encuentra el PSOE y por qué los jóvenes han dejado de votar al partido que ha aglutinado históricamente el voto progresista en España. Leer +



Con esta explicación, Susana Díaz quería decirle a los militantes del PSOE que los indignados son un grupo de niñatos frustrados por no poder vivir una vida según la expectativas que se habían creado. Sería entendible este argumento si viniera de alguien del PP, pero que una mujer que lleva toda su vida militando en la socialdemocracia explique, con tal nivel de frivolidad y odio hacia la gente sencilla, el fenómeno de empobrecimiento que está sufriendo España merece un análisis freudiano del que no saldría bien parada.
Donde la mayoría de la ciudadanía vemos una crisis que nos está enfermando, rompiendo los planes de futuro y a la que sobrevivimos con contratos parciales y sueldos paupérrimos, Susana Díaz ve enemigos que atacan al PSOE, el partido al que Susana Díaz considera que “hay que aprender a quererlo y cuidarlo” porque para ella el PSOE no es una herramienta, sino un fin en sí mismo.
Asusta la nula capacidad intelectual que tiene la presidenta de al Junta de Andalucía para analizar el fenómeno de los indignados que electoralmente ha destrozado a su partido y que Podemos ha convertido en su masa electoral. “A cambio de que haya economía de mercado, los socialdemócratas intervendremos en el Estado vía salarios e impuestos para que nadie se quede atrás”, venía a ser el pacto social que durante décadas ha representado el PSOE y que la crisis económica ha mostrado que era mentira, que ese pacto sólo ha funcionado hasta que los dueños del cortijo –bancos y grandes empresas- han querido.
Si Susana Díaz pisara el suelo que pisamos el resto de los mortales, si se montara en los autobuses urbanos, cogiera el tren y tuviera que salir a la calle diariamente a buscarse la vida, sabría que los indignados no lo están por no poder aspirar a una casita en la playa, sino simplemente porque a los jóvenes y no tan jóvenes les cuesta la misma vida pagar el alquiler –si es que áun han salido de casa de sus padres- y llenar el carrito de la compra en un país donde la mitad de los trabajadores cobra menos de 1.000 euros, donde un tercio de la población está en el umbral de la pobreza, donde un 16,7% de los niños y niñas viven en situación de pobreza severa y el 40% de los hogares compuestos por una mujer sola y sus hijos duermen cada noche en el frío e inhóspito umbral de la exclusión social.
Las reformas laborales aprobadas por PP y PSOE tienen en Andalucía, sin ir más lejos, a un 40% de los trabajadores cobrando menos de 650 euros al mes y a un 25,7% de niños y niñas que no comen nunca pescado en casa porque viven en hogares donde se ingresa menos de 9.000 euros al año, a los que hay que quitarles los gastos de vivienda, luz, agua y gas. A todo esto sin contar que en lo que llevamos de crisis se han desahuciado a más de medio millón de familias, que por las subidas de las tasas la universidad ha perdido en los últimos cuatro años a 134.000 estudiantes o que el desempleo juvenil supera el 50% y que casi 500.000 jóvenes han cogido las maletas y un billete de avión rumbo a la emigración.
Si Susana Díaz fuera una líder política socialdemócrata, no se atrevería a culpar a las víctimas por atreverse a salir a la calle a pedir derechos y, lejos de usar el argumentario del PP, dejaría ya esa verborrea vacua aprendida en la lectura de los resúmenes de prensa que desde que tiene 20 años le llevan poniendo encima de la mesa del despacho y empezaría a plantear soluciones valientes, para lo que necesitaría enfrentarse a Felipe González y a los dueños de las grandes empresas que la están utilizando como la “izquierda útil” para seguir engrosando su tasa de beneficios a costa de dejar a millones de criaturas por el camino.
Susana Díaz necesita urgentemente bajarse del coche oficial, pasearse por los nueve barrios andaluces que están entre los diez más pobres de España, darse una vueltecita por localidades como Sanlúcar de Barrameda, Algeciras, Cádiz, Granada, Sevilla, los barrios periféricos de Córdoba, el interior de Jaén y Almería, El Ejido y tantos y tantos núcleos andaluces donde el empobrecimiento contamina el mismo aire que respiramos y en el que la gente rifa manojos de espárragos, tagarninas o electrodomésticos de bajo coste por las calles para ir sorteando la exclusión social.
No sabe dónde vive, quiénes son sus conciudadanos, el dolor social que la crisis ha acarreado y las depresiones que están sufriendo muchas personas. No porque no tengan para comprarse una casita en la playa, sino porque directamente no saben si mañana por la mañana aparecerá la policía a echarlas de sus casas con lo puesto o si tendrán un puchero que poner en la mesa cuando sus hijos lleguen del colegio. Susana Díaz no tiene ni idea de que en Andalucía hay maestros que le compran de su bolsillo el desayuno a sus alumnos, que hay abuelos que con su raquítica pensión están manteniendo a los hijos y nietos, que hay quienes tienen que decidir entre pagar los medicamentos o comer o que hay mujeres que limpian habitaciones de hoteles a 2 euros la hora.
A Susana Díaz, que cobra 3.200 euros mensuales y que no sabe lo que es entregar un curriculum y sentarse delante de un empresario a que te regatee tu fuerza de trabajo por cuatro perras gordas, le vendría humanamente muy bien perder las primarias del domingo. Y salir luego a la calle a intentar conocer en qué país nos hemos convertido, en qué país nos han convertido políticos como ella que se sienten amenazados por la gente sencilla que sale pacíficamente a la calle a pedir derechos y recordar que a este país no lo conoce ni la madre que lo parió.
Twitter: @RaulSolisEU
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