¿Qué cara se te quedaría si alguien llama a la puerta de tu casa y te entrega una demanda en la que te piden varios millones de euros? No es una película, es la dura realidad a la que se enfrentan varias personas de Greenpeace y la propia organización, acusados de realizar “actividades criminales” por llevar a cabo una campaña defendiendo los bosques boreales de Canadá de las malas prácticas forestales de una empresa maderera llamada Resolute Forest Product.

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Resolute es una corporación multimillonaria y una de las compañías de productos forestales más grandes de Norteamérica. Obtiene la madera para fabricar pasta de papel y papel para libros, periódicos y revistas de algunas de las últimas grandes áreas intactas del bosque boreal canadiense.

La campaña pública de Greenpeace y otras organizaciones para que Resolute deje de destruir el bosque boreal ha resultado en varias demandas multimillonarias. Son claros intentos de acallar nuestra voz. Son demandas contra la libertad de expresión.



En mayo de 2016 Resolute reclamaba 300 millones de dólares canadienses (200 millones de euros) a Greenpeace USA, Greenpeace Internacional, la organización Stand.earth y a activistas individuales acusándoles de actividad criminal, fraude, soborno, extorsión, conspiración, interferir en los negocios de la compañía y robo de información comercial, utilizando la Ley de Organizaciones Corruptas por Influencia y Corrupción (RICO en sus siglas inglesas) diseñada para perseguir a las organizaciones mafiosas, pero en este caso para hostigar a los defensores del medio ambiente. Previamente, Resolute había demandado por difamación a Greenpeace Canadá y a dos de sus empleados, exigiendo 7 millones de dólares canadienses. El impacto de las demandas de Resolute puede acabar con Greenpeace y dinamitar la posibilidad de alzar la voz contra las grandes corporaciones.

La estrategia legal de Resolute corre a cargo del bufete de abogados Kasowitz Benson & Torres, que ha representado al presidente Trump durante 15 años en casos que van desde la defensa de la Universidad Trump hasta la reciente publicación en el New York Times de tres páginas de sus declaraciones de impuestos. Trump incluso nombró a uno de los ex socios de la firma como embajador en Israel.



En lugar de abrazar las prácticas forestales sostenibles, invertir en la salud de los bosques y crear empleos, Resolute está tratando de intimidar a la voces críticas como la de Greenpeace. De tener éxito, estaríamos no sólo ante un mundo sin Greenpeace y sus 45 años de historia protegiendo el medio ambiente, sino un mundo donde la libertad de expresión se vea restringida para grupos ecologistas y todas aquellas personas que alzan su voz.

Las mayores empresas editoriales, como Penguin Random House, HarperCollins, Simon & Schuster y Hachette, compran papel a Resolute. Greenpeace ha pedido a estas editoriales que se unan a la campaña para proteger la libertad de expresión y los derechos colectivos de organización en temas de interés público, como la conservación de los bosques.

Y necesitamos que tú también nos ayudes. No dejes que Greenpeace desaparezca. Si crees que no somos criminales y que las empresas no deben acallarnos, apóyanos en la defensa de los bosques.