lunes, 15 de mayo de 2017

SOBRE LAS REPRIVATIZACIONES. OTRA VEZ (??)

Sobre las reprivatizaciones. Otra vez (??)


http://www.iagua.es/blogs/jorge-chamorro
Ingeniero especialista en tratamiento y depuración de aguas y en desalación.

Supongo que no tardarán en salir voces discrepantes sobre los comentarios en los primeros avances que se han realizado con motivo de la presentación del libro: “Remunicipalización ¿Ciudades sin futuro?” Editado por el Observatorio de Servicio Urbanos (OSUR)
EL OSUR, organismo adscrito a la Asociación para la Excelencia de los Servicios Públicos, realiza un seguimiento exhaustivo de prestaciones públicas como el agua, los residuos, electricidad y gas, transporte público y gestión de parques y jardines, entre otros, asegurando que se ofrecen con la máxima eficiencia y calidad, así como realizando recomendaciones de mejora. Leer +


Comparto plenamente el fondo del asunto: No importante quien realice la gobernanza de un servicio, lo importante es que haga de forma correcta. El modelo es una cuestión ideológica.
Discrepo, en parte, de la respuesta de Lorenzo Dávila (R.- Sin lugar a dudas, por todo lo comentado anteriormente el operador privado. Es un tema de eficiencia, y para esto la competencia es esencial) a la pregunta que le hace Alejandro Maceira (P.- ¿Cuál cree que ofrece un mayor beneficio para los ciudadanos en términos de calidad del servicio, tarifas, inversiones,…?). Mi opinión es que, si se hace bien la gobernanza pública puede ofrecer el mismo beneficio al ciudadano que la gobernanza privada.
Si me gustaría detallar un aspecto muy importante y que vengo resaltando en anteriores blogs. De todos los servicios públicos (agua, los residuos, electricidad y gas, transporte público y gestión de parques y jardines) el más tecnológico es el del agua.
Se le pueden parecer, pero solo parecer, el de la electricidad y el gas. (Por cierto, ambos tienen tarifas únicas para todo el territorio nacional: Si, aunque digan que se está en un mercado liberalizado la realidad es la que es. Como el de los derivados del petróleo que tan bien es libre¡¡¡¡¡¡¡¡)
Es cierto que el nivel tecnológico condiciona la gobernanza pública, ya que requiere una capacitación técnica del personal adscrito al servicio. Pero no es menos cierto que si se dota de formación adecuada al personal, podrán realizar los trabajos con la misma calidad que una empresa privada (hablo por propia experiencia).
Se han escrito artículos, tesis doctorales e incluso libro sobre las excelencias de cada una de estas gobernanzas, magnificando las bondades propias y tergiversando las prestaciones ajenas.
Como siempre, estas posiciones maximalistas han producido ejemplos desastrosos de gobernanza que, ambas partes, se han cuidado mucho en dar publicidad para defender sus intereses.
Por suerte, cualquier análisis, con un mínimo de rigor, pone en evidencia que los malos ejemplos existentes, de ambos tipos de gobernanza, no son imputables a la modalidad de la gestión, sino que provienen de una concatenación de actuaciones negligentes de los diferentes actores que participan en la misma.
En todos los casos en los que se ha denostado alguna de las formas de gobernanza, lo que realmente se ha constatado es que la gobernanza aplicada tenía unas carencias palpables. Independientemente de si era pública o privada, la misma estaba trufada de tres de los grandes pecados de un servicio del CIA:
  • Falta de recursos económicos
  • Falta de conocimiento tecnológico
  • Falta de transparencia
Carecer de recursos económicos para los servicios del CIA supone, a corto plazo, en dedicarlos a un único objetivo: dar agua. Como la presión mediática se centra en la garantía del suministro, todos los recursos disponibles se invierten para garantizar, antes que nada, la cantidad y luego, si es posible, en la calidad.
Se pierde de vista el objetivo fundamental y acabamos con redes de distribución obsoletas y con pérdidas superiores al 30 %. Por no hablar del resto de las infraestructuras: estaciones de tratamiento, redes de saneamiento y depuradoras, que son sacrificadas en aras de una paz social engañosa.
A medio y largo plazo la falta de recursos económicos se incrementa de forma exponencial sin que las inyecciones puntuales, destinadas a corregir urgencias por colapso de las infraestructuras, vengan a solucionar el problema. Como el diagnóstico no es certero, las medidas adoptadas tampoco lo son.
No disponer de conocimiento tecnológico adecuado es el origen del rápido deterioro de las infraestructuras y de la perpetuación de procesos obsoletos. Ante la carencia de profesionales cualificados, los trabajos de O&M son realizados por personal incompetente que encarece los costes de operación y potencia el deterioro de las infraestructuras al no aplicar las normas más elementales de una buen mantenimiento y conservación (M&C).
La falta de formación profesional tiende al inmovilismo en cuanto a la implantación de nuevos procesos o la adquisición de equipos más eficientes y eficaces. Se produce un rechazo natural a las nuevas tecnologías y todo lo que suponga modificar los hábitos adquiridos encuentra una resistencia numantina.
Por último, la falta de transparencia es el caldo de cultivo para que las ineficiencias del sistema encuentren las condiciones ideales para su proliferación. El carecer de índices de calidad para evaluar el servicio o ser estos adecuados, impide conocer la marcha del mismo que se fía, exclusivamente, a que la opinión pública no hable mal del mismo. Ni siquiera se busca que hable bien.
Las auditorias económicas al que se someten el servicio del CIA raramente se hacen públicas, aunque a todo el mundo se le llena la boca de qué el servicio lo es. Cuanto bien haría que las auditorías económicas estuvieran a cargo de la oposición política del partido gobernante.
La total ausencia de las auditorías técnicas es el mayor de los males en el que incurren todos los servicios del CIA. Su implantación no solo es urgente, sino que ningún servicio puede alardear de transparencia mientras que no disponga de los mecanismos adecuado para evaluar, de forma imparcial y periódica, la gestión técnica de un servicio tan tecnológico como el del agua. Como en las auditorías económicas, la gestión de las auditorías técnicas deberá de estar a cargo de la oposición.
Debería de ser obligatorio que, antes de decidir el tipo de gobernanza de un servicio del CIA, se dispusieran de los mecanismos administrativos-legales para evitar caer en estos tres grandes pecados y que se resumen en dos actuaciones:
  • Disponer de tarifas adecuadas
  • Establecer la obligatoriedad de realizar, anualmente, auditorias técnicas y económicas.
Las tarifas deberán de incluir, única y exclusivamente, los costes asociados al servicio, que son: los costes de O&M del servicio (abducción, tratamiento, distribución, saneamiento, depuración y reutilización), los de amortización de las inversiones, los cánones del agua (uso y vertido), los de control y los de las auditorias. Bajo ningún concepto se pueden integrar, en las tarifas, cánones ajenos al servicio como pueden ser los adoptados en algunas concesiones a largo plazo (20-25 años) y cuyo destino sea incierto y ajeno al servicio.
Con unas tarifas adecuadas, se garantiza disponer de los recursos económicos necesarios para la prestación correcta del servicio con calidad y sostenible. Además, se crean las bases para que la capacitación técnica del personal adscrito al servicio adquiera los niveles competenciales necesarios para la situación actual y futuras.
Las auditorias económicas y técnicas dotan al servicio de la transparencia necesaria para detectar los riesgos a los que se enfrenta y poder adoptar las medidas correctoras, modificativas y/o paliativas que permiten la sostenibilidad del mismo con la máxima calidad posible.
Solamente cuando se han fijado ambos pilares (tarifas y auditorias, tanto económicas como técnicas) del servicio del CIA, responsabilidad del ente público que tenga las competencias “de iure”, podemos empezar a hablar de qué tipo de gobernanza queremos.
De nada sirve que la gobernanza sea pública o privada si los recursos económicos disponibles no cubren todos los costes (abducción, tratamiento, distribución, saneamiento y depuración) del servicio del CIA tales como: costes de inversión, costes de Operación y Mantenimiento (O&M), costes de control y auditoria y los cánones correspondientes (de uso, de vertido, etc.)
PD: Os espero el próximo miércoles en la videoconferencia sobre el proceso de fangos activos.
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