miércoles, 21 de junio de 2017

HUELGA DE VOTANTES EN LAS ELECCIONES EN FRANCIA

Segunda vuelta…
Jacques Sapir, economista francés
La abstención alcanzó un récord en el 2ª vuelta de las elecciones legislativas de Francia. Con un 57%, se ha cruzado un umbral histórico. Este nivel cuestiona la representatividad de la Asamblea, a pesar que una gran mayoría voto por La República en Marcha República de Macron, y por el MODEM.
Se debilita el poder de Emmanuel Macron, aunque su primer ministro, tiene la intención de poner en práctica reformas extremadamente brutales. La tasa de abstención muestra una crisis política latente, que François Hollande no fue capaz de solucionar en absoluto. Y, como la crisis no se pudo expresar en la votación, esta continuará corroyendo al régimen y hablará a la más mínima oportunidad. Leer +


Una gigantesca abstención
Hablamos de una abstención sin precedentes. Alcanzó casi 8 por ciento más que durante la 2 ª ronda de las elecciones legislativas de 2012 a pesar que en la reciente 1º ronda la abstención fue ya muy alta: un 51,3%. Cuando en 1981, en 1988 o en 1997, la abstención fue alta en el 1º ronda, los votantes modificaron su actitud en la 2º ronda.
La abstención ha subido constantemente desde 2002, pero la tendencia, en la ronda del 18 de junio de, 2017 marca una ruptura real, un salto cualitativo, tanto en general, como en comparación con los resultados de la 1º ronda.
Decimos que la democracia está enferma en Francia, lo cual es obvio. La transferencia de competencias desde el territorio hasta la Unión Europea ( y su burocracia) que el presidente quiere impulsar, es parte de la crisis de la democracia representativa. Hay que ser ciego o estar saturado de ideología, para negarse a verlo.
La pérdida de soberanía del estado ya se expresa en las personas y en las instituciones. Por tanto, debemos hacer frente a esta crisis o tendremos  consecuencias muy desagradables.
La abstención también habla del descontento de los franceses ante una oferta política que consideran insatisfactoria. La creación del “bloque” que unió al centro-izquierda y al centro-derecha podría parecer un golpe maestro, sin embargo, esta operación tiene su lado negativo; los votantes han evitado participar en las elecciones ante la ausencia de una alternancia creíble. En cierto modo, la abstención es una advertencia extraordinaria tanto para el gobierno y como para el Presidente. Es una forma de huelga de los votantes. Si el presidente Macron, no tiene en cuenta este fenómeno cometería un grave error y la abstención se transformará en un voto de censura.
La huelga de los ciudadanos
Es obvio que los partidos que compitieron en esta elección, no representaron lo que esperaba los franceses.
El movimiento contra de la clase política tradicional, tuvo que enfrentar a la manipulación mediática que creó una “nueva fuerza” disimulando en un partido “nuevo”, con viejos veteranos y con “recién llegados”, que “sin experiencia” ,están siendo conducidos por “mentores”, con un dilatado pasado político…
La toma de conciencia de está maniobra ha dado como resultado el colapso en la participación y se ha traducido en un descenso (relativo) La Republica en Marcha (LREM)  entre la 1º y la 2º ronda.
Aunque se podría haber producido una movilización de los partidos de oposición, es evidente, que estos Partidos no lograron atraer a los votantes . Esto se puede entender dado que la mayoría de la población aún no sabe si los “republicanos de Macron “son carne o pescado”.
Por otra parte, es probable que algunos parlamentarios de la antigua derecha apoyen al gobierno, o por lo menos aprueben sus leyes más cuestionables en el campo social. Esta misma actitud tendrán otros Partidos tradicionales.
Para la Francia Insumisa de Melenchon, a pesar de su buen resultado (conquistó 19 diputados) la brecha entre su programa y sus activistas se transformo en un problema inevitable ( propio de un movimiento tan joven) El movimiento, tenía más de un 19% de los votos en las elecciones presidenciales, y podría haber esperado un resultado mejor.
Reconociendo este problema, Mélenchon denuncio violentamente las reformas prometidas por Emmanuel Macron. Pero el retorno a la política de la denuncia no fue convincente y no logró convencer a votantes que sienten, aunque vagamente, que los problemas son de una magnitud diferente.
Denunciar la ley laboral, que está por llegar con Macron, no fue suficiente. Hubo un problema de credibilidad; en las propuestas institucionales, en política interna, en la política de integración, en la relación con el Islam radical y en la lucha contra el terrorismo.
Para el Frente Nacional, la situación es la misma. Aunque aumentó el número de sus diputados, avanzando en la zona minera del norte y en el sur de Francia, su número de votos disminuyó  fuertemente respecto de la 1ª vuelta de la elección presidencial, con una Marine Le Pen en  la 2 ª posición, con más del 21% de los votos.
Ciertamente pagó sus errores durante la campaña presidencial, y el desastroso debate su líder, Marine Le Pen. No estuvo a la altura que esperaban sus partidarios. Sin embargo, el daño es más profundo. El Frente Nacional paga una evidente falta de credibilidad para gobernar el país. Esto explica la abstención de muchos de sus votantes y no la política de “alinearse con el ganador”. La falta de profesionalismo explica por qué el partido no fue capaz de articular el lado positivo de sus denuncias. Sus repetidos esfuerzos en este sentido fueron demasiado tarde y demasiados dispersos. Pero para seguir adelante, deberán articular un proyecto coherente. Eso esperan sus votantes.
Crisis política y la crisis de legitimidad
Se dará como explicación el sesgo de los medios de comunicación, que hicieron abierta campaña a favor de Emmanuel Macron mientras devastaban a sus oponentes. Esto es verdad pero es insuficiente. Habrá que recordar la actitud de estos mismos medios de comunicación en el referéndum de 2005, cuando fueron incapaces de influir en el voto de los franceses.
También se puede argumentar que ha habido un compresible rechazo al Frente Nacional por su pasado. Es probable, pero de nuevo se trata de una explicación insuficiente.
La verdad es que Emmanuel Macron y su movimiento tenía una estrategia para la  conquista del poder, mientras tanto los soberanistas se dividieron, y no fueron capaces de formular su propia estrategia. Esto es importante , una idea puede ser una mayoría, pero, si las fuerzas que la impulsan no tienen una estrategia política esta idea puede ser derrotado en el campo de batalla.
Sin embargo este fracaso es sólo temporal; la victoria de Emmanuel Macron y su partido es extremadamente frágil. La crisis de legitimidad derivada de la abstención podría explotar rápidamente si este gobierno decide actuar con la brutalidad que advierten sus propósitos.
Aunque todavía no vemos el final, ni el principio del fin, la crisis política que corroe Francia es completa. De hecho la elección de la Asamblea Nacional es el fin del principio.
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