viernes, 2 de junio de 2017

MOIX DIMITE, CRECE EL DESCRÉDITO DE LAS INSTITUCIONES


En el andén


Blog de Melchor Miralles en Republica.com


Moix dimite, crece el descrédito de las instituciones


No falla. Fue decir Mariano Rajoy el martes que apoyaba al fiscal Anticorrupción. Manuel Moix, y tener claro que Moix estaba acabado. El Presidente tiene muy mala relación con la división de poderes. Y Moix, que jamás debió ser nombrado, no ha dado una en el clavo, por más que no haya incurrido en ninguna ilegalidad.
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No está en cuestión el honor de Moix, pero no le quedaba otra que irse. Y si no se hubiera ido le habrían cesado. Trató de entorpecer las investigaciones de la Operación Lezo. Se esforzó en vano por apartar a los fiscales de la merdé del 3% catalán que todos sabemos que era más. Tenía a buena parte de sus subordinados levantados en armas contra él. Había sido reprobado por el Parlamento como sus jefes, el fiscal general y el ministro. Y para guinda, lo de la herencia paterna de una sociedad en Panamá.  Y claro, no hay discusión en que para ocupar el puesto para el que fue designado además de ser honrado hay que parecerlo, no hay quizá otro lugar en el que el jefe deba tener una ejemplaridad mayor. Vamos, que no se puede estar al frente de la lucha contra la corrupción y formar parte de una familia que comparte testaferro en Panamá con el gang Pujol.
Moix heredó junto a tres hermanos una sociedad inactiva en Panamá que era propietaria de una vivienda en Madrid. Al fallecer sus progenitores, en el instante en que accedió a la cuarta parte de la titularidad, declaró a la Agencia tributaria la existencia de la sociedad. Los hermanos Moix no la liquidaron porque, según el fiscal, no tenía dinero para pagar los gastos que les suponía hacerlo. Y Moix aseguró al conocerse el asunto que sólo tuvo conocimiento de la existencia de esa sociedad tras el fallecimiento de su madre. Pero hay un testimonio que evidencia que no dijo la verdad: el abogado José Ramón Marín de la Bárcena aseguró ayer que Moix estuvo presente cuando sus padres declararon en 1989 en un Juzgado por un supuesto alzamiento de bienes al haber puesto la vivienda a nombre de una sociedad panameña en pleno pleito con la constructora, a quien defendía este letrado. Y, además, la hermana mayor de Moix aparecía ya como representante de la firma en 1988 cuando sus padres adquirieron la vivienda.
Moix ha estado mal, no ha dicho la verdad y, sobre todo, ocultó este dato a quien le iba a designar fiscal anticorrupción, y eso no tiene un pase. Pero Moix, además de ser víctima de su propia torpeza, ha caído en medio de fuego amigo, que ya se sabe que es el más peligroso. Y todo lo sucedido y lo conocido tras su nombramiento ratifica que este no debió nunca producirse. ¿Cómo se le ocurrió al fiscal general, José Manuel Maza, designarle habiendo sido informado previamente del contenido de las escuchas de la Operación Lezo, en las que González hablaba de él como de un fiscal que les convenía y le adelantaba a Zaplana que iba a ser el elegido?
Este espectáculo, que no es el único ni el último, certifica que crece cada día el descrédito de las instituciones, que la división de poderes no existe en España, que el Ejecutivo sigue copándolo todo, y que el presidente del Gobierno está encantado con la situación, orgulloso de cómo van las cosas. Pues eso.
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