“Ojos que no ven, corazón que no siente”, así sentencia el refranero cuando explica que la ignorancia es la mejor aliada de la insensibilidad. Las imágenes de un paisaje alterado por el cambio climático y los relatos que se muestran en estos días deberían conseguir lo contrario: despertar la sensibilidad que nace del conocimiento.
Resulta abrumadora la similitud de las fotos recientes del Ebro por su paso por Zaragoza con las que hace 10 años publicamos en nuestro libro PhotoClima, que ilustraban con imágenes lo que los científicos predecían sobre los impactos del cambio climático en los paisajes españoles.


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Ya en aquel entonces, ante las quejas de alarmismo, reclamábamos que no tenían por qué ser imágenes del futuro: que el futuro puede y debe de ser otro. Y sin embargo hemos perdido diez años preciosos para avanzar en la lucha contra el cambio climático. Si no frenamos el actual aumento de las emisiones, los paisajes en los que vivimos y que tanto amamos, también se irán alterando hasta hacer cada vez más realidad las fotos del libro PhotoClima. El tiempo de las excusas ya ha pasado.
Las imágenes de hoy y de ayer evocan e invocan a todo el mundo ante la indiferencia o la indolencia, especialmente a aquellos con responsabilidades públicas. El cambio climático es el mayor problema ambiental y económico al que se enfrenta la humanidad.
Como decía el Premio Nobel para la Literatura José Saramago en PhotoClima: “Dicen que hay personas que se pasan la vida buscando la infancia que perdieron. Yo creo que soy una de ellas. Pero con mi infancia, busco también el principio claro de los ríos, del Ebro, del Castril, del Almonda. No seremos nada sin nuestros ríos, sin el agua que llevan y sin la memoria que somos. Preservémonos mutuamente, ya que unos a otros nos hemos dado nombre y nos hemos reconocido.
Pide a Rajoy que esté a la altura en la lucha contra el cambio climático y sea ambicioso en su Ley de Cambio Climático y Transición Energética >>