domingo, 16 de julio de 2017

EL VIENTO Y EL RELOJ, BARNIER VR. JOHNSON


La bolsa o la vida

El blog de Fernando González Urbaneja, periodista y analista económico y político

El viento y el reloj, Barnier vr. Johnson


La próxima semana está citada la segunda ronda de negociación entre el Reino Unido y la Unión Europea para pactar el divorcio y las primeras impresiones no son halagüeñas. La Unión avanza sus propuestas pero  Londres no va al mismo ritmo; mientras el comisionado Barnier lleva al día los deberes, el ministro David Davis va retrasado. La propuesta sobre ciudadanía que ocupó la mayor parte de la primera ronda de negociación está lejos de estar encauzada una vez que Bruselas ha enmendado la propuesta británica por cicatera. Leer +


En el Parlamento británico se escuchan comentarios airados sobre la negociación, que dan pie a que los del Brexit, con Boris Johnson en primera fila, den rienda suelta a sentimientos y ligerezas como si siguieran en campaña, La última fue manda a “soplar vientos” a los comunitarios acerca de la factura a pagar por el divorcio. El comisionado, el francés Barnier, ha respondido que no nota el viento pero si escucha el reloj que corre.
Barnier es un negociador sólido, experimentado, con un buen equipo al lado que lleva ventaja al británico porque se tomaron en serio la negociación desde primera hora, mientras que los de las islas andan aun tanteando su posición. Barnier habla en francés aunque domina el inglés, y mientras los socios de la Unión mantengan una posición homogénea va a ser un hueso muy duro para los británicos, que empiezan con esa arrogancia tradicional de los del imperio.
El tiempo pasa y la dimensión de la negociación, especialmente para los británicos, es de tal calibre que son muchos los expertos que consideran que es imposible que se acabe en el plazo previsto de dos años. Incluso hay quien piensa que el acuerdo es imposible, que el Reino Unido no puede gestionar la avalancha legislativa y comercial que le cae encima tras la salida de la unión. Y si se incumplen los plazos la posición de los británicos que consideran que hay que revertir el proceso y volver a plantear un referéndum que ponga punto final a una negociación imposible.
Con este contexto la visita oficial del Rey Felipe VI a Londres tiene una dimensión singular. España es uno de los países de la Unión con una trama de intereses cruzados, que incluyen conflictos históricos no resueltos, más importantes. Las inversiones españolas en Gran Bretaña son muy destacadas; la corriente de turistas británicos hacia España es la más importante y la devaluación de la libra, como primer efecto del Brexit, no ayuda.
Al Jefe del estado español le advirtieron algunos diputados extremistas que no mencionara la palabra Gibraltar en su discurso en Westminster. Desde luego que Felipe VI no hizo el menor caso y que citó Gibraltar como problema sin que en la sala se moviera un alma. Una cosa es hablar y otra actuar. El Rey pronunció un buen discurso con un excelente inglés. Invitó al dialogo, a la negociación efectiva y práctica. Y los parlamentarios y el gobierno de su majestad escucharon atentamente y aplaudieron con la cortesía debita y algo más.
Que la Gran Bretaña ya no es lo que era parece más que evidente aunque su sociedad  no acaba de enterarse y mantiene el sueño de una soberanía y una preferencia que acabó hace varias décadas. De momento el francés Barnier, el comisionado de la Unión Europea pisa terreno más firme y determinado que los negociadores británicos que encabeza una persona inteligente y capaz como es el ministro David Davis que sufre de indefinición, la de su gobierno y la de una estrategia de divorcio que no está bien planteado.
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