viernes, 14 de julio de 2017

LOS ORGANISMOS INDEPENDIENTES EN LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA


Los Organismos Independientes en la democracia representativa

José Molina, Doctor en Economía y Sociólogo, es Presidente del Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia y miembro de Economistas Frente a la Crisis EFC
http://economistasfrentealacrisis.com
Cuando la política naufraga por causa de la ineptitud de los que hemos elegido democráticamente, por la irresponsabilidad de los dirigentes o porque los asuntos que tienen que abordar los sobrepasan, la sociedad civil apela a la ética como una fórmula para resolver lo que el político ha llevado al desastre. Leer +


Desde hace tiempo se nos anima a iniciar “una transición a la ética”. Adela Cortina manifiesta que deberíamos completar la transición política formal que se inició hace décadas, y estimo que es un momento para sumarnos a iniciativas que regeneren la vida política, porque la política todavía importa, como nos dice Runciman.
Si analizamos en el pensamiento de Rousseau, se esboza un ideal para el “estado social”, coincidente con el ideal político que anhelaba, y mejorar la política significa hacer las cosas mejor, por eso queremos “un mejor gobierno”, tener capacidad para invertir en valores, devolver, o hacer resurgir el prestigio de las instituciones, impulsar la transparencia como objetivo alcanzable, que la ética sea la base de un sistema de integridad que tenga su presencia en la vida política, y que sus gestores la hagan vida propia en los procesos del gobierno de las Administraciones Públicas.
Una vida legislativa que no viva en una crisis deplorable de incumplimientos o ineficacia. Y no pensemos que es una tarea hercúlea, es el reto de una transición que desarrolla un lazo social participativo en donde gobernantes y gobernados, caminan en una dirección que dibuja una sociedad de equilibrio, con equidad y donde la ciudadanía se sienta más comprendida e igual. Es salir de la visión perversa de promesas incumplidas y de la constatación del desencanto por el retroceso democrático. Las restricciones no se pueden aceptar por más tiempo por someternos al realismo económico del neoliberalismo. La ciudadanía mira hacia un horizonte de expectativas y ese compromiso nos llevará a ser conscientes que el debate producirá una comunidad más fuerte.
Convivimos en dos mundos, en el de las ideas democráticas, como un sistema de libertades, y en el de la democracia representativa, que responde a un mundo estructuralmente burocratizado que nos ha ido separando de las ideas que surgieron de la Declaración de Derechos del Hombre de 1789, y surgen señales de alerta de los que entienden que la democracia que vivimos está bajo mínimos y hay que redemocratizarla. Es una situación compleja la que vive la humanidad, y muy contradictoria, admitimos como países democráticos, allí donde impera la opresión, o aceptamos como países libres, aquellos que mantiene un sistema de control, donde los gobiernos nombran a los que tienen que controlarlos, y tendríamos que reflexionar que estamos haciendo mal para convivir con este conflicto.
Lo cierto es que, en la sociedad virtual, abierta, globalizada, se diluyen estas críticas, o se distorsionan, y observamos como personajes imprevisibles alcanzan el éxito, como es el caso de Trump, Putin, Grillo, Le Pen, y tantos imitadores, por ambos lados del escenario político. Surge una pregunta inevitable: ¿Quién es el viejo o el nuevo sujeto político? Las encuestas de opinión, los expertos, los tertulianos, los grupos de presión, los que fabrican los índices de cotización, los que manejan las finanzas, o los que nos inyectan los miedos. ¿Quiénes son los que construyen una sociedad sin cimientos? ¿Quiénes son los que destruyen los valores que nos han traído la prosperidad y la paz en muchas décadas? Están dejando muy poco espacio para la soberanía ciudadana y para los movimientos sociales, y ese es un tema central, debemos aportar ideas para fortalecer una democracia participativa con organismos independientes.
  1. Organismos reguladores
La tarea regulatoria que los organismos independientes de las democracias tienen que realizar, no es ni puede ser nunca, por definición, políticamente aséptica. Y lo afirmo con claridad, para no confundir neutralidad “partidaria” con neutralidad “política”, porque una toma de decisiones adecuadamente fundada, debe estar en base a conocimientos técnicos, económicos y jurídicos. En la función consultiva, la producción normativa, tiene su importancia en la aplicación de la política reguladora más adecuada.
En España sufrimos dos problemas graves, por un lado, las instituciones supervisoras y reguladoras carecen de la independencia necesaria, o sea, están mediatizadas por la política, en la mayoría de los casos, y sus miembros estén nombrados, por el partido que gobierna o en el reparto de representación según sus proporcionalidades representativas. Y, además, existe otro problema añadido, muchos de esos organismos reguladores son colonizados e instrumentalizados de una forma partidista por el lobbismo sectorial. Rara vez son transparentes. Por eso su imagen está deteriorada, la ciudadanía desconfía de la independencia de su funcionamiento, y para profundizar más en esta crítica, recomiendo lo que EFC (Economistas Frente a la Crisis) ha puesto reiteradamente en sus manifiestos denunciando esta situación.
Así mismo, Transparencia Internacional ha insistido en estas reclamaciones por considerarlas que están faltas de independencia tienen a nuestra democracia en un sistema intervenido desde la estructura de poder que gobierna, y según afirma José Ugaz, presidente de Transparency International: “Solamente si existe libertad de expresión, transparencia en todos los procesos políticos e instituciones democráticas sólidas, la sociedad civil y los medios de comunicación podrán exigir que quienes están en el poder rindan cuentas por sus actos y sea posible combatir con éxito la corrupción”. Y en esta misma orientación el GRECO en sus muy frecuentes informes lo ha puesto de manifiesto denunciándolo ante el Gobierno de España.
En esta situación, estimo, que deberemos preguntarnos más pronto que tarde, cómo repartimos nuevamente el juego de poderes, qué papel tiene la ciudadanía, los teóricos de la sociedad, los partidos de la democracia representativa y los movimientos sociales integrados en la sociedad civil. Porque es el momento de redistribuir espacios en la política, los que tiene que desempeñar las instituciones, unas de gobierno y otras de control, así como los espacios territoriales, donde los poderes centrales tienen que asumir que vivimos en un contexto regionalizado, con una vida local muy sensible y que no hemos adaptado su estructura a los tiempos modernos. La CE del 78 se articuló desde lo que había, y lo que la sustentaba era un caciquismo local que no había sido ni modernizado ni regenerado, por eso la corrupción ha tenido el mejor caldo de cultivo.
No basta con realizar ajustes técnicos a leyes específicas contra la corrupción, afirma TI. Se necesita implementar con urgencia reformas sistémicas profundas que puedan contrarrestar el creciente desequilibrio de poder y riqueza, empoderando a los ciudadanos para que pongan freno a la impunidad generalizada por la corrupción, exijan que los poderosos rindan cuentas y realmente tengan voz en las decisiones que afectan su vida diaria.
España tiene un problema de corrupción política muy serio y se tiene que afrontar de manera integral y sin parches, nos dice Trasparencia Internacional en su informe de 2016. Los efectos sobre la imagen de España de estos datos son negativos, sus efectos sobre posibles inversiones podrían también dañarnos. Ahora que tenemos ya Gobierno nacional es momento de que desde el mismo se proceda a una evaluación seria de la implantación e impactos de las medidas tomadas, además de seguir los consejos que se le vienen dando desde Transparencia Internacional España y otras asociaciones y expertos para que acometa un conjunto de reformas integrales en sus niveles de transparencia, rendición de cuentas, integridad, independencia de los órganos fiscalizadores y de control y calidad de los procesos de toma de decisiones y normativos. Pero, además, es momento de que todas las Comunidades autónomas y los principales Ayuntamientos también trabajen de forma conjunta y colaboren entre sí en la generación de sistemas eficaces y basados en buenas prácticas.
  1. Gobernados por el Establishment
Los debates se extienden por diferentes áreas, pero hay una que está concentrando la mayor tensión y esa es la organización territorial, con su reparto de poderes, funciones, servicios y financiación. Y todo ello complicado por lo que se conoce por el Establishment, y que Owen Jones, en su obra subtitulada “La casta al desnudo”, nos describe con toda riqueza de detalles, esa gente que tiene poder, que controla y que no le importa caer bien o mal, porque lo importante es mandar, con muy diferentes visiones, desde la más conservadora, hasta la más progresista; en una se ve como un nido de nacional-liberalismo-financiero-corrupto, y con un desenfrenado contenido tirando a rancio, y desde la visión progresista, se parece a una red de escuelas de élite que dominan las instituciones claves desde sus altas posiciones como funcionarios, convirtiéndose en claves de la vida política. El Establishment es como un calidoscopio, según se mueve se configuran diferentes geometrías de colores, Owen dice que es una mancha de tinta, semejante a los famosos test de Rorschach, donde cada uno ve las figuras según su mente, es el pórtico de la psiquiatría político-social.
Una muestra de esta disparatada situación la podemos ver en el reciente barómetro del CIS, realizado en diciembre de 2016, donde la política sigue recogiendo un descalificativo descredito, a pesar de haber resuelto de forma traumática la formación de Gobierno. Según las cifras de este estudio el 67,5% de los españoles guarda una visión negativa de la situación política, el 34,9 % considera que es mala y el 32,6% que es muy mala. Frente a ello, el 3,8 mantiene que es buena y un 0,1% la percibe como muy buena, y una franja intermedia, del 25,1% la considera regular. Y hay dos preguntas significativas, de cómo la ven con respecto al pasado y con respecto al futuro.
Tabla 1. Situación política

¿Cómo es respecto a hace un año? ¿Cómo cree que será dentro de un año?
Peor   29,5% 21,6%
Mejor 12,3% 15,2%
Igual   54,3% 47%
NS/NC             3,8% 16,2%
Fuente: CIS 2016.
Esta imagen que cada sujeto, ciudadano, la interpreta según le va la vida, es la forma de protegerse del poder invisible de la economía financiera, que utiliza presión mediática por un lado y por otro al Establishment, para impedir que el votante tome conciencia de su poder, ignore su posición, y desde una posición de miedo, deje gobernar a los de siempre, el Establishment. Más de un siglo de democracia y estamos como al principio: el poder está en muy pocas manos.
Sin embargo, ese Establishment, detesta al Estado, pero depende de él para funcionar. Quieren menos Estado, pero lo quieren controlar, porque así cuando llega el caso tienen su seguro, y sale al rescate de los desastres imprevisibles del mercado. Es el socialismo del poderoso, en donde deja a los desempleados y a los inmigrantes sin protección, mientras se cubren sus quiebras con dinero público. Se adjudican los contratos públicos y sus redes de poder, en donde comparten vida social y se protegen. Es como un camaleón, que evoluciona y se adapta según dictan las necesidades, por eso es una amenaza para nuestra democracia, porque lo contamina todo y lo atrapa en sus redes que a veces los tribunales las han calificado de criminales. Es un debate aplazado, pero debe abordarse porque representa una amenaza latente, si no le damos solución devora a la democracia.
El sufragio universal, dice Owen Jones, abrió las puertas de la democracia, ahora con la experiencia acumulada de ese comportamiento tan irracional como injusto del statu quo, que garantiza el Establishment, se precisa una revolución democrática, que utilizando medios pacíficos, reclame los derechos y el poder usurpado, para democratizar participativamente y abrir las instituciones a la ciudadanía, y cambiar una democracia intervenida, por una política participativa en los gobiernos de las instituciones. Pero esta batalla de las ideas se conseguirá si actuamos con emoción y se demuestra que se es más eficiente, porque hay que ganar las mentes, los corazones y la confianza de la sociedad civil.
  1. Los retos a la democracia: Un camino equivocado
La reciente encuesta de FUNCAS (Fundación de las Cajas de Ahorros) ha puesto de manifiesto consideraciones sustanciosas sobre las políticas públicas en la vida económica, social, política y en la UE. En aquellas cuestiones sobre el orden económico y social que la sociedad tiene como retos aspirar. Como es recurrente en este tipo de análisis se empieza preguntando por la desafección entre la clase política y el excesivo peso de la polarización tanto en los problemas como en los debates. Aborda en una primera fase la sensación en la ciudadanía, del malestar económico y político en la sociedad española, con el siguiente resultado mostrado en la tabla 2.
Tabla 2. Juicio sobe el rumbo que sigue el país

Septiembre 2011 Mayo 2016
Dirección correcta 12% 20,4%
Ni uno ni otro 5,1% 5,9%
Camino equivocado 79% 70,5%
Ns/Nc 3,8% 3,2%
Nº encuestados 1008
607
Fuente: encuestas ASP. Funcas.
Que el setenta por ciento de los encuestados considere que caminamos por un camino equivocado, ya es preocupante, pero si avanzamos en otros apartados de la misma encuesta, observamos con la misma preocupación, que el 76,5% de los encuestados responde a la pregunta de si hemos aprendido la lección de las crisis tanto política como económica, con esa posición negativa de que no ha mejorado en comprensión de lo que ha ocurrido. Sin embargo, en las expectativas sobre la UE, no se ven afectadas como ocurre en otros países, son un 60,9% de los encuestados los que opinan que en los próximos 20 años se mantendrán una situación parecida a la actual en la Unión Europea.
Las dificultades económicas han dado como resultado que un 52,7% comprenda lo fundamental de la economía, frente a un 44,6% que lo entendieron con dificultad. Una de las preguntas importantes de esta encuesta, es cuando pregunta a los encuestados: ¿es capaz el sistema económico de erradicar la pobreza en el mundo? ¿o suele traer consigo más pobreza a la mayor parte de la población?
La respuesta a la primera pregunta, es que el 39,1% se pronuncia a favor y a la segunda pregunta, un 53,9% afirma que el sistema económico trae consigo la pobreza de la mayor parte de la población. O sea, una mayoría piensa que vive y mantiene un sistema injusto, algo que ya nos advertían Bertrand Russell y Wedgwood en los años 1929, cuando afirmaban que las democracias políticas que no democratizan su sistema económico son intrínsecamente inestables. Piketty nos trae esta cita hablando de que un impuesto progresivo sucesorio es un instrumento de democratización en ese mundo en el que soñaban ambos autores. Nada de esto se ha aplicado de una forma ordenada y eficiente, y lo que hoy impera, es un incestuoso mundo de retribuciones, con múltiples comités que autorizan que los altos ejecutivos y consejeros se retribuyan, defiendan sus intereses cortoplacistas y defiendan la permanencia del capital de acumulación en su statu quo actual.
En este desconcierto, la encuesta se introduce en las formas de descalificación que los políticos utilizan de sus adversarios, y pregunta si son unas prácticas para desviar la atención de la ciudadanía o sirven para resolver los problemas del país. El 59% están de acuerdo en que son para desviar la atención y el 24,3 bastante de acuerdo, o sea que el 83,3% piensan que estas tácticas son cortinas de humo para ocultar los verdaderos problemas que tiene la ciudadanía. ¡Algo debería hacerles pensar!
Porque siguiendo las preguntas de la encuesta, la hostilidad al contrario político, un 63,2% la interpreta como instrumento para eludir compromisos, y se está de acuerdo con que esa hostilidad se traslada a las bases de los partidos políticos, lo que hace inviables alcanzar acuerdos en beneficios de todos.
Los comportamientos sociales en este ambiente no mejoran, y los datos de cumplimiento fiscal han empeorado según el 74%. El fraude ha aumentado según el 84%, mientras que el 60,6% piensa que los que más defraudan quedan impunes y el 62% opina que estos comportamientos empeoran los servicios públicos. Una vía de esperanza nos la aportan las opiniones sobre la Ley de Transparencia (Ley 19/2013), dado que un 61% la conoce, y un 66% cree que contribuirá a una mejor utilización de los recursos públicos. Un 66,6% piensa que la LTBG debería afectar a las empresas privadas que reciban financiación pública.
Hay un deseo puesto de manifiesto, que, si mejoran los comportamientos, o sea si todos pagásemos y nadie evadiera, viviríamos mejor, es lo que dice el 87,1% de los encuestados, y solo el 12,9% considera que, si no pagase impuestos, o cuando menos pague, viviría mejor. Una opinión contraria a las ideas que se nos quieren vender, que el dinero donde está mejor es en el bolsillo de los ciudadanos, una polémica que se alimenta por el Establishment, en detrimento de los servicios públicos y en beneficio de la privatización de los mismos. A la ciudadanía le preocupan las desigualdades, y ve con esperanza las normas que pueden aumentar la transparencia, porque los argumentos son sólidos y están recientes, los gobiernos tienen que impulsar políticas que aborden frontalmente el flagelo de la desigualdad.
  1. ¿Rompiendo moldes?
Romper moldes es lo que nos recomienda Acemoglu y Robinson, en su trabajo Por qué fracasan los países. Nos dicen estos autores que el desarrollo de las instituciones políticas y económicas, con un desarrollo de normalidad democrática y respetando los derechos humanos, da como resultado el éxito de un país. Hay ejemplos en la historia del desarrollo de las naciones para decir que la revolución francesa, la gloriosa en Inglaterra, la restauración Meijo en Japón, Botsuana, China, o el sur de Estados Unidos, son ejemplos claros, según Acemoglu y Robinson, de que la historia no es sinónimo de destino. A pesar del circulo vicioso, las instituciones extractivas pueden ser sustituidas por instituciones inclusivas. Sin embargo, nos dicen, no es algo ni automático, ni fácil.
Tiene que existir, afirman, una confluencia de factores, sobre todo una coyuntura crítica, acompañada de una amplia colaboración de los que exigen reformas y con las instituciones existentes propicias, porque esa unión es lo que produce que una nación avance para lograr instituciones inclusivas. Sin olvidar la suerte, porque la historia siempre se desarrolla de manera circunstancial. Y con estas claves, se comprende la prosperidad y es un camino para eliminar la pobreza.
Por ese motivo, la búsqueda de pactos, acuerdos, alianzas, se convierten en un anhelo para que nadie se sienta fuera, es lo que Lizcano señala como objetivo para lograr en economía, en la sociedad y en la transparencia, es decir que se busquen soluciones claras y accesibles a los ciudadanos. La evidencia será un punto fuerte para las decisiones económicas y sociales, aumentando la transparencia, el conocimiento y fortalecimiento del debate social. El resultado es más democracia con una ciudadanía más participativa.
En caso contrario, todo el esfuerzo se hace como dice Bauman, liquido, porque los flujos si no tienen una identidad que sea reconocible y aplicable a la sociedad en resultados, no sirven para mucho. Es lo que les está pasando a muchos representantes de la política y a sus propias organizaciones, que no llegan. Y esa falta de identidad es la que ha hecho que el electorado pase de ser estable y leal, a una especie de mercado político, y asume los riesgos y la imprevisibilidad que supone las influencias de sus preferencias o caprichos. Como dice Innerarity, los partidos políticos tienen hoy día una mezcla entre “hooligans y clientelismo”. Es la dificultad de encontrarse y de escuchar sus preferencias, y es la consecuencia de que las demandas y expectativas sean cada día más transparentes porque la ciudadanía se difumina, o como dice Rosanvallon se hace incontrolable. Es la volatilidad que la encuestas ponen de manifiesto porque día a día se pierde la confianza ganada. Y el resultado es esa amenaza permanente a la vida democrática porque no salimos de la crisis, y no hemos elegido bien el espacio de debate y las armas para compartir. Llegado a este punto, Piketty nos recomienda la equidad como gestión del nuevo pluralismo político, como una nueva convivencia, pensemos que la igualdad solo de ideales, no llena lo suficiente, porque la desigualdad ha ocupado su lugar con descaro en esta sociedad.
Es por ello que Piketty nos alienta a ser radicales y exigentes en la lucha por la eliminación de las diferencias, defender lo público, porque como dice el expresidente de Uruguay, J. Múgica, lo público es lo único que tenemos los que tenemos poco. Los derechos sociales, la Sociedad del Bienestar, es una sociedad con aspiraciones, en donde hay madurez en su ciudadanía, falta compartir soberanía y aceptar limitaciones reciprocas, en ambos lados del tablero de juego. Decidir en ese tablero, es el reto de las nuevas sociedades modernas, y la rendición de cuentas es el primer escalón de esa larga lista de derechos y deberes.
Y siendo esto lo que más me preocupa, hay un problema que nos está superando y que ha centrado todo su esfuerzo en un debate destructivo de la convivencia, poniendo en cuestión la inmigración, el multiculturalismo, el género, o la identidad social, cuando lo encubierto, es una furia contra el sistema que el liberalismo económico ha venido disfrazando y que ahora lo ha puesto en valor, zarandeando los ideales que nos han mantenido unidos, como si fueran las causas de los problemas.
Un populismo disfrazado de un resentimiento, de su propia frustración liberal, al comprobar que el liberalismo como tal no funciona, que es incapaz de transformarse y es cuando utiliza, como ya lo hizo en otros momentos de la historia, los fantasmas patrióticos, difundiendo ideas confusas, que prenden en las necesidades sociales, necesidades que ellos no han sido capaces de solucionar.
No solucionaron la crisis financiera, porque solamente hemos pagado la primera factura, ahora pretenden que paguemos la segunda, con el invento de dar media vuelta, para que todo vaya mejor: “cierra la muralla” parece ser la idea generalizada. Ante esa situación hay que reaccionar presentando como ha recomendado J. Cruddas una visión positiva en torno a la reconstrucción nacional.
Hoy vivimos la furia de Trump, la del Brexit, Le Pen y tantas reproducciones, y ante esas alianzas, no se está respondiendo con una alternativa comprensible y convincente desde un contexto ideológico de política social de participación, que sea la evolución de la política de clase, que en el siglo XX unió a la izquierda contra los abusos de la derecha. Porque ahora, ya no funcionan los sentimientos de clase como en el siglo pasado, producto de la evaporación que se ha producido en la transición alocada del consumo burbujeante, y se ha perdido la conexión social. Es el reto de explicar bien y de incorporar en los programas políticos, que la injusticia es un fracaso colectivo que necesita soluciones colectivas, como dice Owen Jones.
  1. Ética y transparencia en las instituciones públicas
Dice Innerarity que cuando la política naufraga por causa de la ineptitud de los que hemos elegido democráticamente, por la irresponsabilidad de los dirigentes o porque los asuntos que tienen que abordar los sobrepasan, la sociedad civil apela a la ética, como una fórmula para resolver lo que el político ha llevado al desastre. La decepción por la política tiene siempre puestas sus esperanzas en la ética, porque hoy la política está en sus horas más bajas, y tiene más connotaciones negativas que positivas. Nada más lejos, cuando nos referimos “este asunto se ha politizado”, lo que se interpreta como pervertido, o que ha perdido su verdadera naturaleza.
Igualmente constatamos que autores tan significativos como Rawls, en su extenso tratado, La Teoría de la Justicia, nos deja un enfoque primordialmente moral de la política, con un componente más normativo que explicativo, lo que nos lleva a la conclusión de que es difícil hacer comprensible la política, es más frecuente discutir de sus espacios de decisiones, de los principios éticos, de su legitimidad, o de lo justo en las decisiones. Los ciudadanos miran la política como un escenario de prestidigitadores de programas electorales, por eso la política deja mucho que desear.
Con la formulación de los deberes éticos no hemos garantizado la buena política, porque la política tiene que ser eficaz en el valor que la ciudadanía exige, y para calcularlo tenemos que profundizar mucho en la satisfacción que recibimos, quien realiza la evaluación, quien la controla y como se participa. Es situarnos en la independencia de las instituciones, para desde ese espacio no contaminado exigir lo éticamente aceptable. Porque desde la norma inflexible nórdica a la laxitud mediterránea, hay un distanciamiento tan grande como el espacio físico que nos separan.
Por eso debemos de iniciar nuestra búsqueda de abajo arriba, porque si lo hacemos a la inversa no encontramos “el demos” que precisamos. Esa energía que surge del descontento con un sistema que encuentra su encaje entre la ética y la política, y que ahora más que nunca se ha convertido en un tema de agitada discusión cotidiana. Es un rechazo al abuso de poder, que la llevado al sistema a una corrupción, traicionando las normas, la confianza y en consecuencia al electorado, porque sistemáticamente han mentido, disimulado, minimizado sus conductas opacas y dominando los órganos de control para tapar sus errores.
Los Estados se sienten débiles porque están atrapados en una crisis sistémica que no dominan, y por eso no dejan que crezca una sociedad civil fuerte, por el miedo a que desarrolle una democracia sin fin, en donde la sociedad participe en el desarrollo de políticas de inclusión, para abandonar la democracia de baja intensidad. La experiencia abierta en las plazas no está dando los resultados esperados, porque esa primavera se ha visto marchitada por un clima de crisis ideológica en donde la izquierda y la derecha no han encontrado sus nuevas identidades para encajar el debate que la ciudadanía desea de valorar más los procedimientos que los resultados. Lo importante hoy es el modo en cómo se toman las decisiones, para entonces poder acoplarlas en las escalas de la ética en la gestión pública, en la transparencia, la información, participación, rendición de cuentas, control ciudadano y la independencia de los reguladores. Esos son las claves importantes.
Es bueno recordar que las transiciones políticas son posibles y están acompañadas por las transiciones éticas. Si algo bueno ha tenido el movimiento comunitario es recordar que el sentimiento y las raíces de los pueblos son indispensables para construir un orden social determinado, para mantenerlo y también, para profundizar en él; y que la libertad de los pueblos se realiza cuando se incorpora en las instituciones y, sobre todo, cuando sus gentes participan y controlan sus decisiones.
García Márquez nos recuerda que la vida no es lo que hemos vivido, “sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla”, y lo que hoy recordamos, es el esfuerzo realizado por conseguir un Estado de Bienestar, y que deseamos dejarlo a las generaciones futuras, y esa ilusión de un futuro mejor, está lleno de esperanza para integrarse en un universo democrático, en ese nuevo ambiente, que, Lerner, lo llamó “movilidad psíquica”, la convicción de que los hijos podrían alcanzar un nivel de vida superior al de los padres, económico, profesional y social. Sin abandonar valores tradicionales como el trabajo, la honestidad o la lealtad, otro mundo mejor era posible, hoy esa movilidad psíquica, se ha roto.
La vida es la que se recuerda para contarla. Compartíamos -creo yo- la convicción de que la libertad es superior a la esclavitud, la igualdad a la desigualdad, la solidaridad a la indiferencia, el diálogo a la violencia y el respeto activo a la intolerancia. Que todo ser humano es infinitamente valioso y no debe instrumentalizarse, porque no tiene precio, sino dignidad.
Obviamente, no son éstos artículos de ninguna “constitución ética”, porque lo ético no se promulga, no hay ningún cuerpo social legitimado para hacerlo. Más bien son valores que se descubren en la vida compartida, configuran la ética cívica y se transmiten en la educación, porque quien los degusta sabe que son extremadamente valiosos, forman ese capital ético que precisan las sociedades para hacer frente al futuro con dignidad
Pero, a la vez, la política se convierte en el arte de tocar poder a cualquier precio y permanecer en él a toda costa, y la economía pasa de considerar con Adam Smith que el consumo es el único fin y propósito de la producción, a pensar que el consumo es más bien el motor de la producción. Es preciso entonces generar consumidores, gentes con hábito de consumir, que ni se pregunten ya por qué lo hacen, ni si es justo, ni si les hace felices. Estamos construyendo la religión del consumo, la religión de la etnia o la de los nuevos ricos, que son incapaces de construir una sociedad justa, más aún en tiempos de globalización, cuando tenemos que gestionar con altura humana la realidad de un mundo multicultural.
No podemos aceptar que la corrupción y la desigualdad, según ha puesto de manifiesto TI se refuerzan mutuamente, creando un círculo vicioso entre corrupción, reparto desigual del poder en la sociedad y desigualdad en la distribución de la riqueza, porque aceptaríamos como normal lo que han denunciado los muy diferentes tribunales de justicia, que existe una trama criminal que se apropia sistemáticamente de los recursos de las Administraciones Públicas. Los Papeles de Panamá mostraron que para los ricos y poderosos sigue siendo demasiado sencillo aprovechar la opacidad del sistema financiero global para enriquecerse, en perjuicio del bien común. Estamos en el punto de iniciar una transición ética que entusiasme, para lo que necesitamos una sociedad civil con agallas éticas. 
 Bibliografía

Acemoglou, D y Robinson, J. 2012. Por qué fracasan los países. Editorial Deusto
Bauman, Z. 2015. Ceguera Moral. Editorial Paidós
CIS. Centro de Investigaciones Sociológicas.
Cortina, A. 2008. Ética de la razón cordial. Ediciones Nobel
Cruddas, J. citado por Owen Jones en el Diario.es (9.10.1016) “El regreso de la política de clases. Eldiario.es
Economistas Frente a la Crisis
FUNCAS
Garcia Marquez, G. 2003. Vivir para contarla. Literatura Random Hause
Innerarity, D. 2016. La política en tiempos de indignación. Galaxia Gutenberg
Jones, O. 2015. Establishment. Seix y Barral
Lerner, D. 2012. Sociología de la comunicación visual
Lizcano, J. 2015. Ciencia, economía y transparencia: una visión en clave multidisciplinar y social. Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Barcelona
Molina, J. 2015. Ciudadano y Gasto Público. Editorial Aranzadi 5ª ed.
Molina, J. 2016. Por qué la transparencia. Editorial Aranzadi 2ª ed.
Piketty, T. 2014. El capital del siglo XXI. Fondo de Cultura Económica
Rawls, J. 1971. Teoría de la justicia. Fondo de Cultura EconomicaRousseau,J.J. 2007. Las Confesiones. Alianza Editorial
Runciman, D. 2014. Política. Editorial Turner.
Transparencia Internacional. Informe sobre los índices de percepción de la corrupción 2016.
_____________________________

0 comentarios:

Publicar un comentario