domingo, 23 de julio de 2017

UNA NUEVA POLÍTICA DE “CLASE”

Sebastián Friedrich y Gabriel Kuhn ( periodista y escritor, respectivamente)*
Las clases sociales de nuevo están en la agenda de la izquierda europea. Es una buena noticia. El trasfondo, sin embargo, es triste ; se trata del creciente apoyo de la clase obrera a los partidos de derecha. El problema ha empezado a preocupar seriamente a activistas e intelectuales de izquierda. Dos polos han surgido en el debate. Leer +

 El primero se pueden resumir de la siguiente manera: La izquierda se ha vuelto demasiado académica, intelectual y de clase media, centrándose casi exclusivamente en debates culturales más que económicos. Por lo tanto, no tiene nada que ofrecer a la clase obrera. Peor aún, a veces la visión de este sector de izquierda es clasista, mira mal a los proletarios, sus convenciones, su ignorancia y les atribuye ser el foco de sentimientos reaccionarios; han dejado de lado la lucha de clases por las “políticas de identidad”, y el análisis materialista ha sido reemplazado por un galimatías posmoderno. En resumen, esta izquierda está provocando una (neo) agenda liberal con que la clase obrera no puede identificarse.
El segundo polo responde así: la posición esbozada anteriormente es producto del resentimiento de hombres viejos (o jóvenes) que perdieron el barco cuando las mujeres y las minorías comenzaron a desafiar las interpretaciones simplistas de la política de clase ( entre los años 1960 y 1970). Estos hombres tratan de utilizar la crisis de la izquierda para volver atrás el reloj y revivir un marxismo obrerista que piensa que las cuestiones de raza, género, y sexualidad son secundarias. Si bien puede haber problemas por la indolencia de la izquierda en los asuntos económicos, sus verdaderos problemas están en otra parte: un inquietante legado patriarcal y , la ausencia de un análisis interdisciplinario que comprenda la era de la globalización neoliberal.
La clase y la izquierda
¿Por qué ha desaparecido en gran medida la política de clase del radar de la izquierda europea?
En realidad durante mucho tiempo, términos tales como “lucha de clases”, “explotación”, y de hecho “clase” parecían olvidados o incluso ridiculizados. Solo mencionarlos provocaba burlas y sonrojaba.
Desde la década de 1970 la situación es más o menos esta; la izquierda cuenta con militantes, principalmente pertenecientes a la clase media, se ha producido un cambio en la constitución de las clases sociales en los estados de bienestar europeos y, la clase dominante ha logrado mantener a los trabajadores apaciguados con concesiones simbólicas, se ha mercantilizado las relaciones laborales.
Desde hace bastante tiempo , la clase trabajadora esta enviando fuerte señales que se siente fuera de lugar en los círculos de izquierda. [1] Nos encontramos ante una situación en que muchos viejos izquierdistas han dicho adiós a la política y muchos jóvenes no han estado nunca involucrados en proyectos de clase.
Entonces, hay razones estructurales. La transformación de la economía industrial a una economía de servicios ha contribuido a la individualización de la vida de la clase obrera. Los trabajadores se han vuelto menos organizados y , rara vez articulan sus quejas colectivas sin la intermediación de sindicatos institucionalizados.
Los cambios en las relaciones laborales es sólo una de las causas. En muchos países europeos los gobiernos han debilitado sistemáticamente al sindicalismo independiente y a las organizaciones que fueron , en su día, la columna vertebral de los movimientos obrero históricos.
Otra de las dificultades, es que todavía existe una imagen del trabajador como un hombre blanco que carga objetos pesados, trabaja todo el día con un mono, una gorra y una plana, para luego de malgastar su salario en bebida, mientras su angustiada esposa lucha por alimentar a los niños, en un destartalado apartamento.
Como, cada vez son menos los proletarios musculosos – que se parezcan en algo a este recurrido tópico- muchas personas, incluyendo gente de izquierda, ha llegado a la conclusión que la clase obrera ya no existe. Al parecer proletarios como aseadores, conductores de autobús, repartidores, precarios y muchos otros trabajadores no encajan con la imagen tradicional.
Si sumamos esta idea a la “teología del individualismo”; que considera la conciencia colectiva como coercitiva, que define la felicidad en términos exclusivamente privados, y que ha hecho de la ansiedad y la soledad características comunes de la vida cotidiana – podremos entender porqué reina la confusión en la izquierda, sobre quiénes son los verdaderos sujetos para una política de clase.
No dejemos a la clase obrera en manos la extrema derecha
El Frente Nacional en Francia, el FPÖ en Austria, o la AfD en Alemania: y derechistas en toda Europa se presentan como la voz del “hombre común” que plantea la cuestión social. Sus propuestas de solución son machistas y racistas. Para esta derecha extrema el conflicto de clases es un conflicto de naciones y culturas. Mezclan sus criticas a las políticas sociales y económicas con apelaciones vacías a los trabajadores –nacionales- porqué según su propaganda se pagaría un alto precio por estas políticas.
Por supuesto, que podemos encontrar actitudes machistas entre las clases populares. Sin embargo no podemos olvidar que conductas de este tipo se encuentran en todas las clases sociales. También es probable que personas en la clase trabajadora estén ganadas para ideologías del odio y la superioridad racial .Esta ideología siempre estará en las antípodas de cualquier proyecto de izquierda, pero esa inquietante realidad nos exime de hacernos la pregunta ¿ es el chovinismo una propuesta atractiva para la clase trabajadora?.
La explicación esta en otra parte. La maquinaria política controlada, por lo que Tariq Ali ha denominado el “extremo centro” [2] ha dejado a la clase trabajadora sin alternativas viables. El “ extremo centro “ no ofrece opciones para la construcción de una nueva sociedad. Con el tiempo “el centro radical” han conseguido que pocos puedan imaginar que la producción y distribución puede organizarse de manera diferente.
Mientras las fuerzas de la derecha extrema explota demagógicamente esta situación – promoviendo respuestas reaccionarias a la crisis del sistema – la vieja izquierda europea se siente incómoda, incluso, con aquellas comunidades que más sufren bajo el orden neoliberal. Esto último, se pone de relieve cada vez que los “trabajadores pobres”, las “clases bajas”, o la “gente común” exigen participar en los grandes debates. En el mejor de los casos, la izquierda tradicional actúa con un desprecio apenas velado.
En ciertos círculos de la izquierda alemana, creen que el verdadero obstáculo para la emancipación son las personas sin cultura, conocidas como “catetos”: gente equipada con un horizonte intelectual que “termina en la torre de una iglesia o de una mezquita”. Para estos “izquierdistas” quienes abrirán el camino hacia un futuro mejor son globalistas, bien educados, multilingües, y mundanos.
Pero, sea como fuere, el capitalismo siempre producen sus clases populares. Por tanto, unos trabajadores acosados por la propaganda ideológica dominante – podrían en su orfandad llegar a ser aun más conservadores. La izquierda no puede alimentar divisiones sociales condenando a estos sectores como “reaccionarios”. Al contrario, debe desarrollar visiones progresistas para poner fin a divisiones sociales de cualquier tipo.
Las comunidades donde se encuentran estos sectores no van a desaparecer, no se sentirán más a gusto en una sociedad que los margina, y si la izquierda los declara culpables de tener “conciencia reaccionaria ”, sin duda perderá su capacidad para cambiar esas maneras de pensar. En su lugar, estos sectores se harán más radicales con resultados posiblemente desastrosos.
Hay, esencialmente, sólo dos posibilidades para los grupos sociales susceptibles a la demagogia de la derecha. El primero es asumir un social-chovinismo descarado, y aislar mental y moralmente a parte de la población inmigrante . La otra es una izquierda política que no excluya a ningún grupo sino que se preocupe genuinamente por el bienestar de todos los segmentos de la clase, sin importar el retos político y eventuales contradicciones.
¿Quién ha dicho que u política radical fue fácil? La tarea histórica de la izquierda es ofrecer perspectivas de una vida justa y libre para tantas personas como sea posible. Cualquier otra cosa, es puro derrotismo.
Las falsas promesas del neoliberalismo progresista
En los últimos tiempos, facciones de la izquierda (voluntaria o involuntariamente) han entrado en alianza con el “neoliberalismo progresista”. Economistas liberales, conservadores, socialdemócratas modernos, cosmopolitas y liberales de izquierda se posicionan contra los ultra-conservadores, fundamentalistas religiosos, y fanáticos acérrimos.
Esto es favorable – para la lucha cultural – y sintetiza una posición donde es fácil tomar partido. Pero una estrategia de este tipo no considera las causas materiales de las contradicciones existentes. Más bien, se ajusta a la individualización de la política, en otras palabras; aprueba la idea que la conciencia individual -por tanto, los privilegios de clase, el estado y la educación- deben estar por sobre las estructuras sociales. No es de extrañar que más de alguien de izquierda seducido por este modelo haya hecho carrera, ya sea en el ámbito académico, las artes, los medios de comunicación progresistas, o una ONG.
Pero ¿cómo se ve el neoliberalismo progresista desde abajo? En la sociedad capitalista la competencia obliga a seleccionar un numero limitado de individuos excluidos. El sistema ensancha los horizontes y las oportunidades de un sector de privilegiados que necesita, pero esta la selección social es tan brutal, tan inconsciente, y rígida hoy en día que imposibilita una verdadera realización humanista. Sencillamente no es de izquierda quien pretenda que este sistema es un mal menor o que es lo único aceptable .
Nueva política de “clase”; feminista, antirracista, internacionalista
Reactivar las políticas de clase no implica hacer un refrito de versiones no actualizadas de una izquierda ortodoxa que estuvo durante años centrada en el proletariado industrial – cuyos niveles superiores gozan de ciertos privilegios debido a condiciones económicas específicas de los países industrializados durante la era fordista-.
En ese periodo los hombres blancos trabajaban , las mujeres estaban a cargo de la casa y la familia, los trabajadores migrantes hicieron el trabajo sucio, y las grandes masas de las naciones colonizadas aseguraron las ganancias de los capitalistas permitiendo que estos trasladaran suficientes migajas a los trabajadores del primer mundo para mantenerlos sosegados . No hay necesidad de un retro-romanticismo de la clase obrera.
Una nueva política de clase no debe olvidar los problemas de género, de raza, y ciertas contradictorias dentro de la propia clase trabajadora . Estas cuestiones, y las luchas que implican, son parte integral de las relaciones de clase. De hecho, feministas, antirracistas, y las luchas anti-coloniales son la base sobre la que deben ponerse en marcha una lucha de clases unificada y poderosa.
La era fordista podría haberse ido, pero las mujeres siguen representando la gran mayoría del trabajo reproductivo – no remunerado – que proporciona mano de obra . Mientras tanto, millones de mujeres también han entrado a ser parte de esa fuerza de trabajo.
En el hemisferio sur, las mujeres tienen el doble de la carga, muchas veces sin remuneración (ejercen el trabajo reproductivo y productivo) o se ven obligadas a delegar las funciones reproductivas a otra mujer, a menudo un pariente o un trabajadora de un nivel inferior en la jerarquía laboral.
Los países del Norte, han mercantilizado el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos, creando un sector de bajos ingresos a cargo de los “cuidados”, ocupado principalmente por mujeres migrantes forzadas a estar lejos de sus propias familias.
En lugar de una transformación real de la relación entre el trabajo productivo y el reproductivo, lo que hay, son transformaciones que aseguran beneficios para los ricos, sobreexplotan a las mujeres, y crean una jerarquización del trabajo reproductivo no remunerado. Los “puestos de trabajo para las mujeres” tienen la reputación y los salarios más bajos – y cuando las mujeres llegan a hacer “trabajos de hombres,” se les paga menos.
Los trabajos para migrantes son trabajo precario. Ellos, también, reciben salarios más bajos que sus compañeros. El ejemplo de los Gastarbeiter, “trabajadores invitados”, que utilizó Alemania en los años 60 y 70 muestra cómo la migración laboral estimulada por los capitalistas crea nuevas divisiones de clase. Los Gastarbeiter no fueron ni social ni legalmente integrados a la sociedad alemana; recibieron salarios mezquinos, y tenía menos seguridad laboral que sus colegas alemanes. Ellos formaron una clase social inferior que operaba como un ejército laboral de reserva. Las consecuencias de esta política son palpables hasta nuestros días.
Pasados varias decenas de años las oportunidades disponibles para los descendientes de estos “trabajadores invitados” sigue siendo empleos de muy bajos ingresos – y eso, cuando logran un puesto de trabajo. En estos días, las asociaciones empresariales proponen una suspensión del salario mínimo para los refugiados, mientras las empresas alemanas , respaldadas por el gobierno, ya están rebajan el salario mínimo de los trabajadores migrantes.
A nivel mundial, las divisiones causadas por el imperialismo son profundas, también en la clase obrera. La mayor parte de los bienes consumidos en los países del Norte -también por la clase trabajadora – se producen en el Sur Global en condiciones que serían consideradas escandalosas en el primer mundo. Un flujo constante de valor y riqueza fluye a las naciones imperialistas debido al trabajo mal pagado, a recursos infravalorados, y al intercambio desigual.
Las condiciones de vida de la clase trabajadora, la representación política a que están acostumbrados, y las apuestas por sus luchas, necesariamente deben implicar a la izquierda con las luchas que se dan en todo el mundo. Una política de clase que no reconozca el neocolonialismo deja de lado una de las contradicciones más evidentes del capitalismo y abandona uno de los principios más básicos del socialismo: el internacionalismo. Una nueva política de clase deben incluir a las clases trabajadoras del Sur global en la lucha de clases internacional. Sin embargo, parte de los proyectos de “izquierda” europea , en el mejor de los casos, se han convertido políticas proteccionistas y machistas.
El sexismo, el racismo y el nacionalismo son herramientas para dividir a la clase obrera. Son ideologías profundamente arraigadas en la historia del capitalismo. Todos los trabajadores tienen intereses comunes; recibir una compensación justa por su trabajo, disfrutar de la seguridad social con el fin de vivir una vida digna, y elegir su propio destino.
Sin embargo, ¿cómo funcionan las heterogéneas luchas que se dan en el interior del sistema ?. Lo que salta a la vista es la fragmentación para la acción común de la clase. Muchos trabajadores han llegado a preguntarse ¿Quién se beneficia y quién paga la reubicación de centros de producción? ¿Quién se beneficia y quién paga por una economía de servicios? ¿Quién se beneficia y quién paga por el libre comercio?
La clave para una política de clase, a la altura de los desafíos de nuestro tiempo, no es negar las distintas percepciones subjetivas de diferentes sectores de la clase trabajadora . Si queremos seguir adelante, hay que enfrentarlos positivamente. No hay otra manera avanzar.
A partir de la experiencia común a la praxis común
Develar y aislar a las ideologías del sexismo, racismo y nacionalismo es obligatorio para una nueva política de clase. Sin embargo, ante todo, una nueva política de clase deben hacer hincapié en las expresiones estructurales de estas ideologías y su importancia para el capitalismo.
El análisis de una nueva política de clase deben tener en cuenta las formas específicas de explotación de mujeres, migrantes, trabajadores en el Hemisferio Sur, pueblos oprimidos, minorías sociales, y las personas sometidas a programas de empleo de emergencia.
Una nueva política de clase también debe entender que las clases no están formadas por datos estadísticos dibujados en un tablero . Las clases sociales tampoco están determinadas exclusivamente por las relaciones de producción. La clase también tiene una dimensión subjetiva. La clase no sólo son las personas que se encuentren en la misma posición dentro de las relaciones laborales, sino son sus experiencias y acciones comunes.
La subordinación salarial es una realidad compartida, pero esta no es un programa político. Edward P. Thompson escribió la célebre frase “las clases existen cuando personas, como resultado de experiencias comunes (heredadas o compartidas), sienten y articulan sus intereses, en contraposición con otras personas cuyos intereses, por lo general, están en abierta contradicción con “nosotros” -[3] ,Aquí es donde comienza la lucha de clases.
Una nueva política de clase debe identificar dónde y cómo convergen las experiencias específicas de los trabajadores en función del sexo, raza, nacionalidad, y otros factores. Se debe descubrir la superposición de intereses de los trabajadores como miembros de una misma clase. Esto hará posible luchas comunes.
El capital intenta mantener a “la clase” dividida con la concesión de privilegios a determinados sectores sobre los demás. Es clave hacer entender más allá de privilegios relativos todos los segmentos de las clases trabajadoras se beneficiaran con el fin del capitalismo. Los beneficios no debe ser medido por el acceso a bienes de consumo baratos o la elección de nuevos destinos de vacaciones, sino que se mide por la seguridad social, el sentido de comunidad y el empoderamiento ciudadano. La forma más importante para asumir esta comprensión será a través de la lucha en común.
De particular importancia para una nueva política de clase son los lugares de resistencia común, ya sea porque los trabajadores de diferentes orígenes se rebelan contra sus empleadores, arrendadores, o contra la clase dominante y sus lacayos, o debido a que otros sectores de la clase despliegan la solidaridad con la resistencia a la sobreexplotación de las mujeres, a la actuación policial violenta contra la clase trabajadora de color, o a las horrendas condiciones de trabajo del nuevo proletariado industrial del Sur Global.
En Europa, gran parte de la experiencia de la migración, nos anticipa que este tema va a decidir gran parte del futuro político del continente. Por tanto, es obligatorio para la izquierda no dejar que los debates sean administrados por los demagogos de derecha.
Una política basada en la experiencia y la acción común no sólo es superior a la idea abstracta de una clase obrera supuestamente homogénea; también está en contra de la tendencia de “izquierdistas” que fundamentan sus política solo en sentimientos humanitarios; valores que son una condición necesaria para un mundo mejor, pero de ninguna manera suficientes para construir una nueva sociedad.
En primer lugar, estos impulsos no se mantienen cuando cambian los gobernantes. Y en segundo lugar, son fugaces y se pueden retrotraer en cualquier momento. En el verano de 2015, un número sorprendente y alentador de personas en toda Europa suministro ayuda material, refugio y asistencia jurídica a los refugiados que habían sobrevivido a los peligroso de un éxodo impuesto por un sistema global que no tiene piedad ninguna.
La gente de Europa, incluidos los conservadores, felicitaron esta apertura moral y generosidad. Hoy en día, gran parte de esto se ha desvanecido y los sentimientos anti-refugiados van una vez más en aumento. Es fácil de manipular humanitarismo en una sociedad donde la caridad auto-satisfactoria ha sustituido a la indignación por la injusticia. Una nueva política de clase sólo puede construirse sobre .
Conclusión
La izquierda no debe entregar la “política de clase” a la derecha extrema . También hay que combatir resueltamente las políticas neoliberales, aunque , el triunfo estas últimas esté provocando serias divergencias entre distintas versiones de la derecha. [4] Sin embargo, lo más importante, es que el neoliberalismo favorece solo a los ricos.
En estos momentos la izquierda no debe abandonar por ningún motivo el proyecto de crear una sociedad justa, sostenible e igualitaria – tanto social como ecológicamente-.
Una nueva política de clase debe desarrollar estrategias de mediano y largo plazo. Esto requiere pedagogía política con sectores de la población que han girado hacia la derecha política, así como un compromiso para detener esta deriva.
Ganarse para un proyecto emancipador a los partidarios la derecha no significa ceder a una atmósfera reaccionaria. Los peligros de un pueblo chovinista y las terceras vías probadamente embaucadoras son reales. Sin embargo, es de crucial importancia enlazar los valores progresistas en la perspectiva de la prosperidad material y social de una manera que sea convincente a quienes son engañados por fuerzas políticas que sólo aumentarán su miseria.
Donde la izquierda sea capaz de hacerlo, la gente se unirán a su entorno, viva en una metrópolis urbana o en una aldea de montaña, vayan a la universidad o este aprendiendo un oficio, trabajen como maestros o mecánicos.
Reproducir las diferencias de grupos sociales para que se enfrenten entre sí, no es digno de ningún proyecto de izquierda. Sólo los tontos cuestionan los movimientos sociales que luchan por derechos que no se ajustan a la norma de lo “blanco”, y “heterosexual”.
Esto es particularmente cierto para las personas de la clase trabajadora. En su seno hay un mayor número de mujeres y gente de color ( y LGTB) que en cualquier otra clase social. Distinguir los combates de estas comunidades como algo separado o contrapuesto a las luchas de la clase trabajadora es el resultado de defectos -analíticos, personales y políticos – y de la manipulación ideológica del enemigo. Este es un error fatal que hay que superar con urgencia.

Notas.
[1] Los ejemplos llegan de Terry Morgan: Mis experiencias como un anarquista de la clase obrera sueca: “En knuten Näve i fickan: Om klass, normer och vänstern”. (Disponibles en Inglés bajo el título “ Puños apretados, bolsillos vacíos: las verdadero experiencias de un activista de la clase obrera de clase media) y la célebre autobiografía de Didier Eribon “Volviendo a Reims”.
En Alemania, el reciente libro de Christian Baron “ Proleten, Pöbel, Parasiten: Warum Die linke Arbeiter verachten : “Proles, plebe, Parásitos: ¿Por qué las personas de la izquierda desprecia a la clase obrera”
[2] Ver de Tariq Ali “El Centro extremo: una advertencia” (Londres, 2015).
[3] Edward P. Thompson, La formación de la clase obrera (Londres: Victor Gollancz, 1963), p. 9.
[4] En cuanto a la AfD en Alemania, véase Sebastián Friedrich y Gabriel Kuhn, “Entre el capital y el pueblo,” Jacobin, Junio, 2017.

*Sebastián Friedrich es editor de la revista AK (Analizar y Criticar) Gabriel Kuhn es un escritor Austriaco que viven en Suecia. Su versión libro ms reciente es “La forja de una cultura de la clase obrera militante”.  (2017).
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