viernes, 11 de agosto de 2017

CAMBIOS DEMOGRÁFICOS Y MODELOS PRODUCTIVOS

Cambios demográficos y modelos productivos
  Ignacio Muro, economista, es miembro de Economistas Frente a la Crisis EFC
 


Tras cinco años de caídas, la población de España vuelve a subir como consecuencia de un saldo migratorio positivo de 89.000 personas. Somos 46,5 millones. La previsiones negativas del INE, reducción constante hasta los 43,2 millones estimados para 2056, escenario dominante en el que basan los efectos estimados de la crisis de envejecimiento, empieza a mostrar grietas en cuanto la economía crece dos años al 3%. Leer +
El saldo migratorio de 2016 duplica la muy conservadora estimación de 57.000 personas, como saldo medio anual positivo previsto para los próximos 40 años. Como ocurrió en estimaciones anteriores, cuando se estimaban máximos de 100.000 inmigrantes netos y se llegaron a alcanzar promedios de 600.000 entre 2000 y 2007, las proyecciones se empeñan en ignorar la presión migratoria que viene del sur y que será, sin duda, un factor de equilibrio para la población en edad de trabajar en los próximas décadas. ¿Error o manipulación?
El largo plazo imprescindible para construir un relato histórico
Una mirada de largo plazo es hoy imprescindible para entender las conexiones y las contradicciones entre cambios demográficos y cambios económicos, o si se quiere, entre modelo productivo y modelo reproductivo. Para construirlo conviene conectar con los trabajos de Juan Antonio Fernandez Cordón, el último de ellos (“De los cambios demográficos a la economía del cuidado”) publicado en Gaceta Sindical de CCOO pues permite un relato coherente de lo que nos sucede.
Intentémoslo. En 1900 la esperanza de vida media en España era de 35 años, similar a la que hoy tienen algunos países subsaharianos. En esa situación las mujeres se tienen que dedicar, por entero, a asegurar el reemplazo de la fuerza de trabajo: si solo algo más de la mitad de los hombres llegan a cumplir los 20 años son necesarios 5 hijos por mujer para que la población no disminuya.
Esas condiciones demográficas marcan no solo el modelo reproductivo, sino que también imprimen un sello de baja productividad al modelo productivo, necesariamente lastrado por actividades de poca cualificación por la imposibilidad de retirar a los niños y jóvenes de tareas agrícolas y llevarlos a la escuela.
Revolución demográfica, migraciones y productividad
A partir de los años 50 del siglo pasado, las mejoras en los sistemas de salud implantadas en el mundo desarrollado trajo consigo un rápido descenso de la mortalidad infantil. La población joven aumentó exponencialmente y generó el baby boom símbolo de una gran revolución demográfica, un fenómeno que se fue trasladando de norte a sur: llegó en los años 60 a España para, un par de décadas después saltar al Magreb y, en tiempos cercanos, al Africa subsahariana.
Esa revolución provoca cambios de calado. Hace innecesarias la tasas de fecundidad elevadas que habían sido imprescindibles hasta entonces. Y activa nuevas lógicas productivas.
Las migraciones a las ciudades y a los países desarrollados se unen a las demandas de liberación de la mujer por acceder al trabajo. El alivio de energías dedicadas a las necesidades reproductivas facilita participar en actividades productivas. El alargamiento de la vida media, un patrimonio incuestionable de la humanidad, reequilibra los perfiles de las nuevas generaciones y permite largos periodos de formación que facultan para continuos incrementos de productividad.
Cambio de siglo: del Estado de Bienestar al neoliberalismo.
Las condiciones políticas y sociales divergen cuando nos referimos a lo que hoy viven las periferias del mundo y lo ocurrido en Primer Mundo en el siglo pasado.
En España, la entrada en el mercado de trabajo de las numerosas cohortes de jóvenes generó un boom extraordinario de ingresos de la Seguridad Social. Tanto que no solo era capaz de financiar las pensiones, es decir, las jubilaciones de las pocas personas que llegaban a la vejez con derecho a percibirlas, sino que, con el superávit existente, podía permitirse el lujo de financiar todo el sistema nacional de salud. Así ocurrió hasta 1989, año en que entró en vigor la Ley que convertía en universal el derecho a la sanidad. Desde entonces, la financiación de ambas necesidades se separó: la caja de la Seguridad Social se dedicó a financiar pensiones y la caja general, la Hacienda Pública, pasó a financiar la sanidad.
A finales de los 80 se inicia la hegemonía de las posiciones neoliberales en todo el mundo. Cualquier fenómeno se convierte en una oportunidad para justificar un nuevo ajuste social y nuevas oportunidades de negocio al sector privado.
La generalización del segundo sueldo en el hogar se aprovecha para imponer la moderación salarial porque “hay que ser competitivos”. La tasa de empleo femenino asciende 14 puntos en España, del 41% al 55% entre 2000 y 2008 (y 5 puntos en la Europa-27) incorporando a más de 3 millones de mujeres al mercado. Si la renta familiar aumenta es posible congelar o reducir los sueldos de cada uno de sus miembros y compensarlo con facilidades de endeudamiento. El consumismo y la moderación salarial se hacen compatibles.
La burbuja inmobiliaria atrae a inmigrantes en dimensiones 6 veces superiores a las máximas previstas por el INI. Esa inmigración supone un alivio para el excedente de jóvenes en el Magreb y en America Latina en plena eclosión por el efecto de sus demorados baby boom. Su entrada supone un doble alivio en las tareas reproductivas de las familias españolas: los/las inmigrantes son, al tiempo, los que más contribuyen al aumento de las tasas de natalidad y los que cubren las tareas del hogar como asistentes externas que permiten liberar parcialmente a las mujeres de las mismas. La lucha por la paridad en los cuidados es todavía incipiente.
Crisis, envejecimiento, robotización… o cómo rentabilizar los sucesivos miedos
La crisis del 2008 justifica la suspensión de recursos para dependientes. Los abuelos se convierten en sustento de las jóvenes parejas que son los grandes perdedores de la crisis. Solo el 20% de la población menor de 29 años consigue emanciparse de sus padres. Las mujeres jóvenes, incapaces de simultanear tareas productivas y reproductivas, sacrifican éstas. O las otras.
Diez años después, las nuevas generaciones vuelven a estar desaprovechadas a pesar de su evidente capacitación. La tasa de paro afecta, en España, al 32% de los menores de 30 años, y, entre los que trabajan, el 57 % lo hace con contratos temporales. La tasa de natalidad se coloca en el 1,3, muy por debajo de la tasa de reposición en España, Alemania y los países que han asumido la lógica de ajustes. Solo Francia mantiene tasas suficientes, 2,1 hijos por mujer, mientras Alemania se ve obligada a equilibrar su demografía mediante la inmigración.
Aunque la retórica habla de superación de la crisis, los miedos se acrecientan. Los nuevos fenómenos se presentan de la forma que más conviene para generar temor y “provocar reformas”. El que a la vez sobren trabajadores (robotización) y falten trabajadores (envejecimiento demográfico) se nos presentan aisladamente como manera de duplicar los temores. Sin embargo, uno y otro se contrarrestan y exigen ser vistos simultáneamente con soluciones que combinen mejoras en productividad, políticas de conciliación y un sistema de rentas mínimas garantizadas.
Prefieren separarlos. Si la robotización justifica bajos sueldos porque “no estamos preparados”, el envejecimiento se convierte en una excusa para reducir las pensiones públicas. Aunque el “exceso de viejos” sea un fenómeno pasajero, tanto como lo fue el “exceso de jóvenes” en el periodo del baby boom, se nos presenta como un horizonte inexorable y definitivo que provocará la “ quiebra futura del sistema”. Puro humo. La realidad es que, con los sueldos actuales y con la precariedad de los contratos, el riesgo se aleja: la mitad de la población se quedará en pensiones no muy superiores a la pensión no contributiva (430€). No hará falta que bajen las pensiones, un buen número de ciudadanos está ya incubando un futuro de subsistencia en la tercera edad.
¿Error o manipulación? “Equivocarse” en la estimación de los saldos migratorios, forma parte del mismo juego. En esas estamos.
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