viernes, 4 de agosto de 2017

LA LEY DE IGUALDAD, DIEZ AÑOS DESPUÉS



La Ley de Igualdad, diez años después

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Nale Ontiveros. 
El pasado día 22 de Marzo se cumplieron diez años desde que se aprobó la Ley orgánica 3/2007, para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres. Es por ello que la Universidad Pablo de Olavide ha querido examinar los efectos que esta Ley ha dejado desde su aprobación, y analizarlos en el marco de los cursos de verano de la Olavide en Carmona, celebrado entre el 24 y el 26 de julio pasado. Leer +


Para ello, sus directoras, la profesora Blanca Rodríguez Ruíz y la catedrática Lina Gálvez, se propusieron “explorar cómo se ha venido aplicando la Ley en sus distintos aspectos, qué factores han contribuído a su efectividad o la han obstaculizado, y qué estrategias parece aconsejable seguir para superar dichos obstáculos”. Con el nombre de La Ley de Igualdad, diez años después. Conquistas, retrocesos y luchas por venir , dicho curso se propuso ser “un espacio de reflexión análitica sobre sus logros, pero también, y especialmente, sobre la brecha que sigue separando la igualdad formal de la igualdad efectiva entre mujeres y hombres. Y sobre cómo seguir avanzando de esta última, especialmente en un contexto económico( y, en parte también institucional) diferente al que existía cuando se aprobó la Ley”.
Dicho análisis se ha efectuado desde todos los prismas posibles: económico, social, institucional, educación, cultura o empresarial, con diferentes expertas de todas estas áreas, comenzando con la exposición de Soledad Murillo, profesora de Sociología de la Universidad de Salamanca y secretaria general de Políticas de Igualdad en el periodo 2004-2008, e impulsora de esta Ley, que en los círculos feministas denominan “Ley Murillo”. Moderado por Amparo Rubiales, Presidenta del Consejo Social de la Universidad Pablo de Olavide. En su exposición Soledad Murillo se refirió a esta Ley como una conquista. A pesar de ello, en el momento de consensuar a los agentes sociales imprescidibles, se encontró con muchas resistencias. Ha explicado cómo algunos de esos agentes no se implicaron, seguramente porque generaban derechos a las mujeres. Uno de sus mayores logros, fue, quizás, lo que más resistencia produjo: el tema de las cuotas femeninas. Aunque su objetivo fuera la paridad, se consiguió introducir la cuota de participación del 40(mujeres) / 60(hombres), a pesar de lo cual no se ha conseguido, diez años después, acabar con el llamado techo de cristal de las mujeres. El hecho de ser una ley propositiva y que no contemplara sanciones, ha ido dejándola sin efecto, hasta estar considerada “derogada de facto”.
El papel de los Medios de Comunicación fue examinado por Lalia González Santiago, adjunta al director editorial de Medios Regionales de Vocento en Andalucía y Lucía Méndez, periodista y analista en varios programas de televisión, y moderado por la también periodista y locutora de radio María Esperanza Sánchez. En esa mesa se analizaron los datos de participacón de las mujeres en los medios de comunicación. Aunque las redacciones están en un 50% llenas de mujeres periodistas, éstas no ocupan los puestos de dirección de dichos medios, ocupando tan solo un 10% de mujeres los puestos de dirección intermedios, llegando a solo un 7,8 en los puestos de editor y dirección. Ninguna mujer dirige ninguno de los medios llamados generalistas, y tan solo dos dirigen medios digitales. Puede concluirse que esa falta de mujeres determina tanto el enfoque de las noticias como los contenidos, así como perjudica la falta de mujeres especialistas en las noticias. Analizado también el tratamiento de la mujer en la publicidad, todas las ponentes estuvieron de acuerdo en que existe una cosificación del cuerpo que ha colocado a la belleza como una categoría superior.
De Discriminación y los límites de la Igualdad debatieron Mª Ángeles(Maggy) Barrére, Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad del País Vasco, y Ana de Miguel Álvarez,
profesora de Filosofía Moral y Política de la Universidad rey Juan Carlos de Madrid, moderada por Soledad Pérez,abogada feminista y portavoz de Igualdad del grupo socialista en el Parlamento de Andalucía. Ana de Miguel se centró en que en el mundo de la política, los nuevos partidos no tienen incorporada la lucha por la Igualdad, ya que no vivieron la coyuntura del momento político de la transición. Ana de Miguel señaló la casuística del neomachismo donde, por una parte se da un machismo conservador, desde el que se alude que con esta Ley de Igualdad ya están todos los derechos adquiridos y que mantienen que las leyes positivas que favorecen a las mujeres son reactivas. Y un machismo progre, aquellos hombres de izquierda que quieren ser feministas, pero que no tienen claro varios aspectos de la vida de las mujeres: prostitución, violencia de género o maternidad subrogada. Por lo tanto, las legítimas demandas de las mujeres se postergan, porque se tiene el mandato de relativizar el tema de las mujeres, en nombre del mito de la libre elección.
Por su parte, Maggy Barrére considera positiva la ley, a pesar de una serie de detectar ciertas carencias en la misma: los límites de la discriminación. La diferencia de status entre los sexos no es algo natural, sino producto de la sociedad. Responde a una serie de tratos subordinadores de las mujeres, la subordiscriminación: si no hay iguadad de trato, se convierte en discriminatorio. Para Maggy Barrére la Ley de Igualdad no contempla la perspectiva de discriminación sistémica del sistema patriarcal.
El tema de “La paridad y la ciudadania de las mujeres” fue ampliamente analizada por Blanca Rodríguez Ruíz, profesora de derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla y moderada por Carmen Alborch, ex ministra de Cultura, senadora socialista y escritora. Blanca nos recordó que la medida más polémica de la Ley de Igualdad fue la paridad electoral, llegando incluso al Tribunal Superior. Según Blanca Rodríguez, si la representación es “hacer presente lo que está ausente”, el Estado español es un Estado democrático representativo, representativo con un matiz democrático, al que hay que convertir en democrático. Hay que cambiar los elementos de este Estado, que ha creado una falsa sensación de homogeneidad gracias a una ficción de la unidad, un cuerpo homogéneo de representados. Se asume la diversidad en lo representado, con el voto femenino, pero no se ha roto con el principio de representación, no hay paridad. A pesar de la cuota paritaria flexible del 40/60, no nos sirve si no se hacen políticas para las mujeres. Las mujeres no solo tienen que estar en el debate, sino en la toma de decisiones. Para ello hay que redefinir el espacio público, con listas abiertas para construir un Estado paritario. La democracia sin paridad, no existe.
Uno de los temas que se están debatiendo últimamente, es el de “Los derechos de paternidad”. Eso hicieron intensamente Carmen Castro, doctora en Economía, investigadora especializada en políticas europeas de género, y el profesor Octavio Salazar, profesor adjunto a cátedra de Derech Constitucional de la Universidad de Córdoba y escritor, en una Mesa moderada por Margarita Vega Rapún, investigadora del Centre For Time Use Research de la Universidad de Oxford. Según Carmen Castro, el modelo social de familia es patriarcal, basada en la asimetría de género y la división sexual del trabajo y los cuidados. La solución para el cambio de este modelo pasaría por un reparto igualitario de resposabilidades. Romper el status quo vigente,acabar con las resistencias, para llegar a una coparentalidad responsable. Para Octavio Salazar el Patriarcado se construye sobre dos silencios: el de las mujeres (me gusta cuando callas…) y el de los hombres( que callan ante las desigualdades de género). En su intervención, Octavio abogó por una reconstrucción masculina, teniendo como objetivo paritaria: no solo en lo cuantivitativo sino también en lo cualitativo. Transformar el modelo, apoyados en la racionalización de lo público, con servicios que suplan las labores de cuidados que, mayoritariamente, recaen sobre las mujeres Despatriarcalizar la sociedad, una cuestión de poder.
La cuestión clave para instrumentalizar todos estos cambios es, sin duda, la eduación. “La Educación como piedra angular de la Igualdad” fue el título de la ponencia de la profesora Rosa Cobo Bedía, del departamento de Sociología y Ciencias de la Comunicación de la Universidad de La Coruña, y escritora. En ella quedó de manifiesto que la educación es la herramienta fundamental para la lucha feminista y de cambio social. A través de un viaje por la Historia, nos mostró el cambio que la educación ha venido sufriendo a lo largo de los siglos. Desde ser una herramienta de reafirmación de los estamentos sociales hasta Rosseau, para quién la educación fue una herramienta de cambio social, pero no para las mujeres, el cual asienta la posición patriarcal. Hoy en día, tenemos que reelaborar el sistema educativo, puesto que este sistema invisibiliza a las mujeres, a las que hay que sacar a la luz.
No podemos dudar que la economía es la ciencia que mejor muestra las desiguldades sociales. La profesora Coral del Río Otero, catedrática de Economía Aplicada en la Universidad de Vigo, nos habló de “ Desigualdades en el acceso a los recursos económicos”, analizando las cifras de las EPA (Encuesta de Mercado Laboral) se aprecian las enormes brechas de género. En el periodo de vigencia de la Ley de Igualdad, desde 2007 al 2017, poco han variado las cifras económicas, situándose España en el nivel Medio Alto de diferencia salario medio-hora hombre y mujer, de Europa. Y eso a pesar de que a partir del año 2000 hay más mujeres con estudios superiores, y muchísimas más en la franja de edad de menos de 35 años.
El estudio de “La (Des)Igualdad en cifras: 2007-2017” lo realizó la profesora Lina Gálvez, catedrática de Historia e Instituciones económica de la Universidad Pablo Olavide. No fue casualidad que, cuando estalla la crisis, una de las primeras medidas fuera la de eliminar el recién creado Ministerio de Igualdad. El desarrollo de la Ley de Igualdad se vio comprometido, también, por el estallido de dicha crisis. La misma ley seguía el criterio de empleabilidad de la Unión Europea, que no es de Igualdad: favorece el acceso de la mujer al empleo, pero lo facilita a tiempo parcial, para que los cuidados sigan recayendo, de forma natural en las mujeres. La ley tiene sesgos ocultos de Género, sin principio de trasversalidad, por lo cual las políticas de austeridad, ciegas al Género, han incidido en la desigualdad. Como consecuencia de esas políticas se ha producido una intensificación del trabajo de las mujeres (empleo y trabajo no remunerado) y un retroceso en los avances de Igualdad, siendo Andalucía la única Comunidad Autónoma donde se incrementó la partida presupuestaria a las Políticas de Igualdad. Nos encaminamos hacia una sociedad que envejece (en la que se harán más necesarios los cuidados) con una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, con una gran precarización del Mercado Laboral.
Para conocer el impacto de la “Transversalidad en la acción Pública” Carmen Castro en una nueva mesa, moderada por la doctoranda del Programa de Género e Igualdad de la Universidad Pablo de Olavide, Astrid Agenjo, analizó las lineas de actuación de la Igualdad en un proceso político en el ámbito europeo, nacional y local en los procesos de transversalidad de género. Quedó de manifiesto que las mayores resistencias al cambio de enfoque de género provienen de las áreas vinculadas a los Presupuestos. Incoherencias entre el discurso y la dotación económica de las partidas, además de una falta de capacitación de enfoque de género. Tras la Declaración de Beijing, la cuarta Conferencia Mundial de la Mujer, en 1995, se ha evaporado el objetivo de Igualdad de la UE. En el ámbito de las Comunidades Autónomas no hay ningún presupuesto que llegue al 1% del Presupuesto para Políticas de Igualdad. Y en el ámbito local, cuya sensibilidad de Género parece ser mayor, la falta de recursos impiden medidas efectivas de cambio.
Los cambios políticos se apoyan en los cambios sociales. Y, si en las esferas de poder económico no se producen, es dificil el asentamiento en la sociedad. De eso habló Lola Sanjuán, empresaria de Comunicación (CKL Comunicación) y líder cooperativista. Según los datos ofrecidos por Lola Sanjuán en su ponencia “La Igualdad en el mundo de la Empresa”, existe una obsolescencia programada de las leyes de Igualdad, que se aplicaríana todos los procesos de deconstrucción que llegan desde el feminismo. A pesar de la Ley de Igualdad, el poder económico sigue en manos de los hombres, por lo que la toma de decisiones sigue en manos de los hombres. Como posibles soluciones apunta a la formación de cooperativas, como nuevos modelos empresariales, y a una contratación pública con clausulas sociales igualitarias, como corrector de desigualdades.
Además de la formación, el otro puntal que puede suponer la esperanza en el cambio de mentalidad de esta sociedad patriarcal, vendría de la mano de la Cultura. Para debatir al respecto se organizó la última Mesa Redonda del curso,ldenomidad “La ley de Igualdad y la Cultura”, donde debatieron la profesora Nuria Capdevilla-Argüelles, catedrática de estudios Hispánicos y de Género de la Universidad de Exeter(Reino Unido), y Yolanda Domínguez, Artista visual, licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Mesa moderada por Mercedes de Pablos, periodista y directora gerente del Centro de Estudios Andaluces. Según Nuria Capdevila, se ha producido un Pacto del Olvido en la Cultura e Historia española del s.XX, por el que se propició el olvido de lo que supuso para España el franquismo y la Guerra Civil, y cuyas principales víctimas fueron las mujeres. En palabras de Nuria Capdevila, el franquismo supuso un gran armario que esconde la vida y la obra de las autoras. Desde que se aprobó la Ley de Igualdad se está propiciando la salida de las mujeres de ese armario, con grandes resistencias por parte del Patriarcado a la construcción de la Memoria de las mujeres autoras, y los consiguientes cambios en los libros de texto.
Para Yolanda Dominguez, las mujeres sufrimos hoy en día una gran invisibilización por nuestro aspecto físico. Los nuevos referentes culturales se están estereotipando, por un lado una masculinidad con valores agresivos, de dominio, con placer asociado al dominio; y por el otro, mujeres como objeto sexual disponible. La moda muestra a cuerpos semi desnudos de mujeres, a las que ni siquiera se les ve la cara, con una fisonomía de mujer blanca, joven y delgada. Yolanda Domínguez abogaría por un cambio en el imaginario, con unos nuevos referentes: que las mujeres dejen de ser parte pasiva de la creación, no musas sino creativas. Para ello es imprescindible la paridad en el profesorado y en los comités de jurados. Así como premiar a los Medios que asuman su responsabilidad social y generen contenidos comprometidos con la desigualdad.
Como conclusión, todas las líneas argumentales durante el curso muestran un panorama diez años después demasiado parecido en muchos aspectos al anterior a la Ley. La falta de financiación, por un lado, y la falta de sanciones, por otro, han permitido que la implementación de la Ley no se haya ido produciendo al ritmo deseado. La desafortunada coincidencia con el estallido de la crisis ha condicionado su desarrollo. También ha quedado de manifiesto las resistencias del sistema patriarcal a los cambios de modelo social. Nada extraño, por otra parte, si tenemos en cuenta que el actual modelo capitalista se apoya en la labor de las mujeres en el tema de los cuidados. Así como queda clara la gran resistencia de los hombres para soltar sus privilegios, en pro de la Igualdad. Como soluciones, se apunta la educación en valores igualitarios. Rescatar de la memoria las mujeres de la Historia en todos los campos. Generar leyes que regulen las desigualdades. Crear modelos esconómicos que se basen en la Igualdad. Acceso de las mujeres al poder, tanto en los órganos de dirección de los partidos políticos como en las Instituciones. Acceso de las Mujeres a los Consejos de Administración de las grandes empresas. Y un Estado que asuma las funciones de los cuidados, descargando a las mujeres del peso de los mismos. Es decir, crear un modelo social igualitario. Para ello, el curso nos ha mostrado soluciones, de la mano de muchas mujeres expertas en sus diferentes áreas, mujeres que deberían ser referentes del nuevo imaginario colectivo del siglo XXI.
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